Cuenta la leyenda, o quizá la
historia, vaya usted a saber, en boca de Cesare d’Engenio Caracciolo, que allá
por el siglo XVI, un hombre encadenado que llevaban a la cárcel pasó delante
del jardín del palacio de Sangro, cuando vio cómo parte del muro del jardín
caía y aparecía la Virgen. El hombre, que al parecer era inocente, prometió que
donaría una lápida de plata si se demostraba esa inocencia del crimen que le
imputaban. Poco después salió de la cárcel y cumplió su promesa. La imagen se
convirtió en un lugar de peregrinación y oración. Tiempo después, Giovan
Francesco Paolo de Sangro cayó enfermo y pidió la intercesión de la Virgen.
Cuando hubo sanado construyó en el lugar una capilla que llamó de Santa María
de la Piedad o Piatatella. Desde entonces, hacia 1590, el lugar se convirtió en
el mausoleo o panteón de la rica y noble familia de Sangro.
Fue su hijo Alejandro, patriarca
de Alejandría y arzobispo de Benevento, quien la transformó en la iglesia
actual y colocó las primeras esculturas. La capilla permaneció inalterada
durante décadas hasta que el séptimo príncipe de Sansevero, Raimondo di Sangro,
en 1749, inició su transformación en un templo barroco con rasgos iniciáticos.
Raimondo, que quedó huérfano de
madre muy joven, estuvo al cuidado de su abuelo Paolo, a quien fue confiado por
su padre a la muerte de su madre. Su padre se marchó a conocer mundo y los
placeres de la vida. Abuelo y nieto mantuvieron una intensa relación. Su abuelo
se preocupó de que recibiera una esmerada educación.
La vida de Raimondo daría para
escribir una novela o para inspirar un personaje de película. Educado en el
colegio Clementino de los Jesuitas de Roma, pronto demostró un gran dominio de
las matemáticas, la pirotecnia, la ingeniería y la alquimia. Se movió entre la
ciencia, la técnica y el ocultismo.
Carlos de Borbón, nuestro futuro
Carlos III, le nombró Caballero de Cámara al conocer su genio. Su experiencia
le llevó a colaborar en labores arquitectónicas y en técnicas militares.
Abandonado el ejército se dedicó a sus invenciones. Y se incorporó a la Logia Masónica
Napolitana, de la que llegó a ser Gran Maestre.


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