Entre diciembre de 2016 y marzo
de 2017, tuvieron lugar en Madrid varias exposiciones en conmemoración del
tercer centenario del nacimiento de Carlos III. En una de ellas, Carlos III: proyección exterior y científica
de un reinado ilustrado, en el Museo Arqueológico Nacional, en Madrid, exponían
un cuadro que presidía el folleto informativo, Embarco de Carlos III en el puerto de Nápoles visto desde la dársena,
de Antonio Joli, realizado en 1757. Quien fuera Duque de Parma, como Carlos I, entre
1731 y 1735, Carlos VII de Nápoles y Carlos V de Sicilia entre 1735 y 1759, se
disponía a partir de su reino para tomar posesión del de España como Carlos III.
Su reinado se prolongó hasta su muerte en 1788. El cuadro no puede ilustrar los
signos de tristeza y de cariño de los súbditos napolitanos, pero muestra un
enorme despliegue en el puerto y la bahía con el Vesubio al fondo.
En el folleto informativo, al
hilo de su reinado en Nápoles, leí:
Contribuyó
a la reforma de su reino y legislación, reforzó el poder de la corona frente a
los intereses de las influyentes élites locales, cuidó de las relaciones
internacionales, transformó urbanísticamente algunos espacios de la capital y
construyó importantes residencias reales como el Palacio Real de Capodimonte,
promoviendo además de la ciencia, la creación de varias manufacturas reales,
así como las excavaciones en Pompeya, Herculano y Estabia.
Cuando el rey abandonó Nápoles
en 1759 no se desvinculó de ella. Siguió con interés el desarrollo de su
política y también de las excavaciones. Solicitó que se le enviaran copias en
yeso de las obras que dejó en Nápoles y que pasarían al Museo Arqueológico de
la ciudad. Esos vaciados llegaron a España en 1765 y fueron instalados en el Palacio
del Buen Retiro. En 1775 los donó a la Academia de Bellas Artes de San Fernando,
que organizó una exposición para exhibir los mismos, Carlos III y la difusión de la antigüedad, del 15 de diciembre de 2016
al 16 de marzo de 2017.



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