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En Gambia no pasa nada 7. El polvo domina las calles.


 

En la furgoneta iniciamos nuestra aventura gambiana. Ocupamos las catorce plazas de que dispone el vehículo. Nuestro conductor se llama Essa. Es muy alto y muy delgado, perfecto como alero de un equipo de baloncesto y exhibe una sonrisa abierta, fresca, sincera. Va impecable con su pantalón de tela, su camisa y su chaqueta, algo poco habitual. La mayoría de los conductores van con camiseta, bermudas y chancletas. Vamos con el conductor más elegante de Gambia.

El polvo rojizo u ocre lo impregna todo. Se posa sobre los coches como un eficaz disfraz de camuflaje, flota en el ambiente, se introduce en la nariz y la deja seca. Padezco rinitis crónica y para mantener impregnado el interior de mi nariz con algo de humedad utilizo vaselina, que en esta ocasión no he traído al creer que habría una humedad importante. Es la estación seca y las lluvias no volverán a entrar en escena hasta dentro de unos meses en que convertirán las calles sin asfaltar y sin aceras en tremendos barrizales. La sequedad frustra muchas veces mi deseo de apreciar los olores, percibirlos, procesarlos, constatar si son agradables o tremendos. Los olores forman parte de los recuerdos y son los que permanecen más tiempo en nuestra memoria.



Aunque las ventanillas permanecen cerradas, el aroma del polvo junto con el humo de los carburantes contaminantes se incrusta en mi cerebro.

Avanzamos por una avenida recta y larga que pone en relación dos mundos, aunque sin mezclarlos. A la izquierda, el de los ricos, con villas resguardadas por muros rematados por alambre de espino, como si fueran instalaciones militares de alta seguridad. Al otro lado, construcciones de adobe, chapa, algún ladrillo y plásticos. Francesc comenta, con ironía, que el contenedor del plástico debe estar vacío porque vuelan montones de bolsas de plástico como aves químicas en vuelo rasante. En esas tristes construcciones bajas se suceden los negocios, algún bar para los locales, carteles desleídos, paredes sin pintura. Gentes en movimiento, coches a poca velocidad por el tráfico denso, transportes atestados de gente que se agarra donde puede son las imágenes que nos lanza la calle.

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