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La Manchuela y el valle de Ayora 3. Alcalá de Júcar: la plaza de toros y el puente.


 

Agradezco que el hostal Alcalá del Júcar esté en la parte baja y a 50 metros del parking público, una explanada desde la que se disfrutan buenas vistas del pueblo, a pesar de que el sol está a sus espaldas y provoca efectos cromáticos con demasiado contraste. Está claro que la mejor luz se da por la mañana. Como el pueblo está peatonalizado, el que se aloje en el mismo tendrá que cargar con la maleta por cuestas que cortan la respiración y un trazado un poco laberíntico.



Me quedo poco tiempo en el hotel. El sol pega con intensidad y a las seis de la tarde cuesta salir en la exploración. Me decanto por empezar por la singular plaza de toros, centenaria y de forma elíptica, muy curiosa. Está cerrada. Solo la puedes visitar sábado o domingo. El interior lo divisaré desde las cuestas del otro lado. Me imagino una corrida en tan particular emplazamiento. Un pueblo con esta orografía sólo puede generar estampas curiosas y espectaculares. El visitante debe estar atento porque en cualquier recodo le regalan una impactante foto.



Cruzo el puente romano (que es de época muy posterior) después de haber caminado por el parque junto al río. Era el paso del Camino Real entre Castilla y Levante, por lo que se constituyó en aduana. No sólo fue camino mercantil ya que también fue uno de los múltiples Caminos de Santiago que jalonan la geografía española. El Camino de Requena venía desde Valencia, mientras que éste lo hacía desde Alicante, pasaba por Villena, Novelda, Almansa, Alpera, Alatoz y Casas Ibáñez para fusionarse con el anterior en Monteagudo de Salinas, poco antes de Cuenca. De ahí subía hacia Burgos.

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