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Albania, el país de las águilas 47. Del interior de la costa a Vlore.


 

Tras la comida nos esperaban dos horas de trayecto. Desde el principio, mis compañeros entraron en trance y dieron unas cabezadas de campeonato. Temí por el cuello de alguno, propenso a adoptar posiciones peligrosas.

Me entretuve contemplando los diferentes matices verdes del paisaje que iban variando en intensidad, que se transformaban en diversidad de marrones y que la lluvia y la humedad relativizaban. Volvíamos a sumergirnos en el ámbito rural, en la esencia campesina que se extendía aún por una parte importante del país. La emigración interior había transformado este ámbito que había mantenido una parte importante de su tradición. Había dado un salto en cuanto a calidad de vida. No se palpaba miseria. Los campos estaban cultivados y las casa exhibían un decente aspecto.



Íbamos por una llanura extensa que desembocaría en el Adriático. Desde allí, hacia el sur, el mar cambiaría de nombre y se convertiría en el Jónico. El punto de encuentro era Vlore, una localidad de 141.000 habitantes que Dorian calificaba como el Benidorm albanés. Era uno de los puertos principales de Albania. Frente a su costa, una isla.

Vlore ofrecía un pequeño casco antiguo y una fortaleza del siglo XIX. Ésta había sido destruida varias veces por las sucesivas contiendas. En 1912 fue la elegida para proclamar la independencia del imperio otomano.

Atravesamos la ciudad por una avenida amplia y de edificios altos que nos condujo directamente hasta la playa, completamente vacía. El tiempo no acompañaba y el agua debía estar bastante fría. Los chiringuitos que jalonaban la costa estaban cerrados. En la temporada de verano era un hervidero de turistas, nacionales y extranjeros, muchos de ellos italianos. Brindisi estaba a 80 kilómetros de la costa albanesa.

Las barcas de pesca estaban varadas en las playas. Alguna se mecía con el tibio oleaje. Un carguero ocupaba el centro de la bahía.

A las afueras, funcionaba una base de submarinos de la OTAN. En tiempos del dictador, Albania contó con cinco submarinos. Dorian nos comentó que en la actualidad se encontraban en reparación. No sabría como interpretar esa expresión reparadora.

La costa jugaba con nosotros trazando curvas acompasadas a la orografía recortada. Al salir de la ciudad se multiplicaban las villas y los apartamentos en equilibrio con la pendiente de la montaña. La costa era de acantilado bajo. Abundaban los hoteles y restaurantes.

Pasamos Radhimi.

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