Designed by VeeThemes.com | Rediseñando x Gestquest

Albania, el país de las águilas 11. El palacio de los sueños II.


 

La institución desplegaba sus tentáculos por todas partes. Como en tiempos de Hoxha, nadie estaba seguro. Cualquier vecino o conocido podía ser un confidente. En el libro, la institución llega hasta el lugar más alejado e insignificante. Todos los sueños de las provincias se mandan a la central para su selección y, en su caso, interpretación. El estado totalitario analiza los sueños para acceder al alma del pueblo. No es la única institución temible, aunque es la más sibilina, a la que no se ve venir:

-Pero el terror que inspiran es demasiado ostensible -respondió-. El temor que provocan se percibe de lejos, como una nube negra. Mientras que con el Tahir Saray las cosas son bien distintas.

De los mecanismos del estado era “el más impersonal de todos, el más ciego, el más fatal, por tanto, también el más estrictamente estatal”.



Ese mundo en el que trabaja el personaje llega a absorberlo y a cambiar su personalidad. En la disputa entre la realidad y los sueños vence éste, que le aliena. En su primer día libre desde que entró a trabajar en el palacio de los sueños se siente extraño, como transformado, con un total desapego a ese mundo que ha sido el suyo. Como si le hubieran “comido el tarro”, como si le hubieran extirpado el alma y el espíritu, como una suerte de Drácula de los sentimientos. Lo detecta el camarero que le atiende en el café al que acudía a diario y al que ha dejado de ir desde el inicio de sus nuevas funciones. Ahora es un personaje temido por su pertenencia al aparato represor.

En un pasaje del libro, el visir, su tío, explica sus consideraciones sobre esos mundos paralelos que son la realidad y el mundo de los sueños:

Algunos piensan -prosiguió el visir- que el mundo de las pesadillas y los sueños, en una palabra, vuestro mundo, es el que dirige éste de acá. Mas yo tengo la convicción de que es este mundo el que lo dirige todo. Es él, a fin de cuentas, el que decide qué sueños, pesadillas o delirios, conviene sacar a la superficie, como un cubo saca el agua de un pozo profundo. ¿Entiendes lo que quiero decir? Es este mundo el que elige en ese abismo lo que le interesa.

Con esa confusión un tanto kafkiana tomé la calle Shetitorja Murat Toptani en dirección al castillo y el mundo de una de las familias más significativas del país, en el pasado y en el presente: los Toptani.

0 comments:

Publicar un comentario