Designed by VeeThemes.com | Rediseñando x Gestquest

Viaje a Alaska y Canadá 119. La Bow Valley Highway.

 


La primitiva carretera de Bow Valley se construyó a principios del siglo XX como parte del Grand Circle que unía tres de las grandes maravillas de las Rocosas: Banff, Yosemite y Grand Canyon (el Gran Cañón del Colorado). El primer coche llegó a Banff en 1904 por las vías del tren. El resto de la red viaria eran caminos más adecuados para carros y caballerías. La heredera de aquella vía era la actual, paralela y alternativa a la Transcanadiense highway, más rápida, aunque mucho menos atractiva paisajísticamente. Las guías y la chica de la oficina de turismo coincidían en su planteamiento, así que buscamos el desvío y empezamos su recorrido. Mejor hacerlo con parsimonia, deleitándose con el paisaje del valle, el río y las montañas que rondaban los tres mil metros.

Este tipo de valle montano o alpino era un paraíso de flora y fauna. En invierno, la capa de nieve que se acumulaba era más delgada que en otras zonas, lo que permitía alimentarse a los animales que escarbaban hasta el estrato de nutrientes. Alces, ciervos y muflones buscaban esa vegetación oculta que les permitía seguir con vida. Tras ellos acudían los depredadores, como lobos o pumas.



La vía iba poco concurrida. En el interior del vehículo no podíamos disfrutar del silencio general o de los cantos de los pájaros, que se habían desplazado desde el sur del continente para atiborrarse de insectos y liberar un poco a los sufridos turistas. Al acercarnos a ríos y lagos corríamos el peligro de ser víctimas de tropeles de mosquitos que podían señalarte la piel en segundos. Viva la migración de aves.

El valle era amplio y con la luz del sol en su apogeo transmitía un optimismo impresionante. Nos desviamos hacia una zona de picnic para contemplar ese sencillo espectáculo con calma. José Ramón salió con su silbato antiosos, por si las moscas.

La carretera y el resto de la red viaria había fragmentado el hábitat de los animales y dificultado su movimiento. Había que conducir con prudencia ya que en cualquier momento se podía cruzar un animal y tener un incidente. También había que extremar las medidas al encontrar animales junto a la carretera. Mucha gente bajaba del coche en busca de la foto suprema y se dirigía hacia ellos sin ser consciente de que el animal podía reaccionar de forma imprevisible. Si le acompañaban sus crías las defendería hasta la muerte... o hasta la muerte del intruso. Aconsejaban mantener una distancia de unos 30 metros.



El lugar donde aparcamos era un pequeño claro junto a una pequeña laguna. Los árboles lo abarcaban todo, trepaban hacia las cimas severas y dejaban libre la parte más alta, pelada, sin vegetación alguna. En invierno esas cumbres se poblaban de nieve, el valle quedaba casi incomunicado (la carretera podía quedar temporalmente cerrada) y los animales vagaban de un lado para otro en busca de comida o hibernaban, como los osos. En verano, los animales marchaban a las zonas altas, más abundantes en pastos.

Septiembre y octubre eran los meses del apareamiento de los alces, según rezaba un panel, y mayo y junio eran los de presentación en sociedad de sus crías, que empezaban a salir del bosque para alimentarse con sus madres.

La vida fluía con vehemencia en aquel hermoso lugar.

0 comments:

Publicar un comentario