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Viaje a Alaska y Canadá 45. Una llamada a la felicidad al atardecer.


 

El barco empezó a moverse, con lo que salimos a las cubiertas superiores. Tras separarse del muelle daba marcha atrás y se orientaba hacia el puente Lion’s Gate. Desde la altura del barco la panorámica sobre el skyline del Distrito Financiero era bastante privilegiada, a pesar del fuerte contraluz por la fuerza del sol que cegaba en esa dirección. En muchas ocasiones impedía ver la pantalla del móvil para hacer buenas fotos o vídeos.



El sol intenso fue como una llamada a los pasajeros para que disfrutaran de las piscinas, repletas de cuerpos no siempre sometidos a dietas sanas. Hubo gente que parecía haber trasladado su domicilio a los jacuzzis. A cualquier hora estaban allí, a remojo, sonrientes y con una copa en la mano. Parecía que hubieran tomado posesión en nombre del gobierno de su país y no estuvieran dispuestos a ceder esa soberanía sin el empleo de la violencia.



La gente de los cruceros arranca con toda la ilusión del mundo. En muchos casos, estas son las vacaciones soñadas que no han podido disfrutar durante varias temporadas. Es el motivo de una reunión familiar, de un aniversario, es el premio a una buena labor profesional. La navegación calma esos primeros efluvios de felicidad y puede sumir al personal en un soberano aburrimiento, por muchas actividades que se programen. La organización del crucero es muy consciente de ello y apelará al sentido del deber del pasajero, a su deber de felicidad a ultranza. No ser feliz en un crucero es casi una traición. Además, está prohibido pensar en que vas a hacer el ridículo. Esa palabra no existe en un crucero, os lo aseguro. Toda la tripulación se implicará activamente, con un servicio impecable, casi agobiante, siempre pendiente del cliente para que éste se lo pase bien, disfrute, quede encantado y sea la mejor publicidad de la empresa y sueñe con volver a embarcarse incluso antes de haber regresado. Para ello, el pasajero tiene la obligación de comer y beber a lo bestia durante todo el crucero. La satisfacción se medirá por los kilos ganados y los centímetros de cintura (o nalgas) aumentados. Siempre ha de tener cerca un plato y un vaso, una copa o un recipiente. Los que han pagado el suplemento por bebidas vienen a ser retados a amortizarlo y estar pedo todo el tiempo.

Buenos ejemplares de esa filosofía habían iniciado sus andanzas sin demora.



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