Tengo la impresión de que hasta
la fecha no he sido justo con Portugal.
Durante años pensé que lo que
pudiera ofrecer el país vecino sería similar al mío, aunque de categoría
inferior. Por eso no terminaba de arrancar para visitar Portugal y empaparme de
todo lo hermoso que ofrece. Y quizá el mejor momento para pagar esa deuda
histórica era este año en que aún no estábamos muy convencidos de salir al
extranjero.
Esa cercanía y facilidad de
acceso han podido influir negativamente. A Portugal se podía ir casi en
cualquier momento: un puente, una escapada, un fin de semana largo. Por ello, iba
pasando de una fecha a otra del calendario, año tras año, en busca de tiempo
suficiente para un viaje que me diera una visión de conjunto que,
posteriormente, completara con incursiones concretas a zonas determinadas. Eso
llegaba a su fin.
Mi primera visita a Portugal fue
en 1984, un puente de mayo. Íbamos un grupo heterogéneo conformado por
estudiantes de arquitectura y derecho. Parte nos conocíamos del colegio. No me
acoplé con los futuros arquitectos y fue la primera vez que me prometí no
viajar con gente que no estuviera suficientemente contrastada. Entre los buenos
recuerdos de aquel primer viaje está una mariscada épica a un precio ridículo
en una inmensa playa solitaria con unas olas gigantes. El cielo estaba gris y
las amenazas de lluvia se concretaron. Lisboa me pareció una ciudad triste y
sucia. Ahora pienso que quizás fuera por la compañía.
Regresé a Lisboa en 1998, para
la Expo, a la que dediqué dos días. La ciudad había sido rehabilitada y lucía
imponente. Le dediqué un día completo y escribí un relato de aquella
experiencia. Como dormíamos en Sintra no pude disfrutar de la noche lisboeta.
No sitúo con claridad la fecha
de mi única visita con un recorrido por diversas ciudades. Entramos desde
Ciudad Rodrigo, visitamos Viseu y Coímbra. Dormimos en Figueira da Foz, donde
había veraneado mi amigo Raúl varios años con su familia. En esa época (otro
puente de mayo) no nos cruzamos con muchos visitantes. Nos costó encontrar un
sitio para cenar. Al día siguiente fuimos a Leiría y en vez de visitar Batalha,
Fátima o Tomar nos fuimos a Nazaré y nos pegamos una comida histórica. Dormimos
en Cascáis, nos movimos al día siguiente por la zona y atravesamos Lisboa rumbo
a Madrid.
En 2011 fui con mis sobrinos
Carlos y Jose a ver las carreras de Moto GP en Estoril. Las visitas fueron
testimoniales, un complemento de ese objetivo principal que eran las carreras. Poco
después, en enero de 2012, fui con un grupo de amigos a pasar año nuevo y los
primeros días de enero y recorrí con más intensidad Lisboa y alrededores. Nos
hizo un tiempo fabuloso y me reconcilié definitivamente con la ciudad.
Mi sobrino Jose me convenció sin
oposición cuando propuso un viaje de norte a sur por Portugal. Quizá era
conocedor de mi deuda y quería liberarme de ella.
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