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Los saris son el color de la India 119 (2011). Primer acercamiento a los Mewar.

 


Las informaciones que recogía el periódico de aquel domingo continuaban girando en torno a la corrupción: India on the streets. Si el gobierno no se movilizaba contra la corrupción sería el pueblo quien tuviera la obligación de hacerlo. 

También facilitaba unos datos económicos menos positivos de lo esperado: la tasa de crecimiento para el año fiscal bajaba del 8,2% al 7,9%. La inflación crecía del 7% al 7,7%. Las exportaciones crecieron un 82% en julio. No todo era malo. 



Estábamos bastante recuperados. Aquel parón nos había sentado bien. A pesar de que la habitación era bastante peor de lo que habíamos imaginado la tarde anterior. Las sábanas de mi tío estaban sucias y las toallas penosas. El personal no se enteraba de nada.

Krishna apareció puntual y con su habitual sonrisa nos condujo a la ciudad. No estábamos lejos pero había una zona con bastante basura y era poco recomendable hacerla andando. Los edificios se asomaban a los lagos y trazaban una imagen hermosa. 

Un estrechamiento provocaba un atasco cerca de la entrada a la ciudad vieja. Cada vehículo intentaba colarse por el hueco que dejaba cualquier otro, lo que afianzaba la aglomeración de tráfico. 



En el verano de 1567, el emperador Akbar inició una campaña contra el reino rajput de Mewar, regido por Rana Udai Singh, hijo de Rana Sanga. Los Ranas exigían privilegios especiales, como correspondía a los más grandes rajás del Hindustán. No reclamaban la independencia y estaban dispuestos a la sumisión, pero reclamaban un trato preferente. Estarían exentos de acudir personalmente a la llamada del emperador, aunque enviarían a sus hijos a la corte, y no entregarían en matrimonio a ninguna princesa. 

El emperador tomó la ciudad de Chittor, antigua capital de los Mewar y ejecutó a toda la población. Otra versión apunta al suicidio colectivo, el jauhar, cuando la situación era desesperada. Udai Singh, consciente de que no podía defender la ciudad, la confió a sus generales Jai Mal y Patta y se refugió en las montañas Aravalli. Aquí fundó la nueva ciudad, Udaipur. 

La guerra entre los Mewar y los emperadores mogoles se prolongó hasta 1615, cuando Amar Singh, hijo de Pratap, se entregó a Jahangir. Pero siempre se mantuvieron en contra de sus dominadores.




Mantuvieron esa actitud con los británicos. A cada ocasión que pudieron demostraron que eran la cabeza de los rajput y de la clase guerrera de la India y que no podían someterse a ellos. El maharana Fateh Singh fue invitado en 1903 por Lord Curzon a un durbar en Delhi y rechazó asistir como un vasallo, como no lo había hecho en tiempos de los mogoles. Tampoco asistió al de 1911, a pesar de que le ofrecieron una silla al lado del rey Jorge V y de la reina María. No admiraba los honores y dignidades concedidos por los británicos, que otros buscaban con ansia. Durante la Primera Guerra Mundial se negó a apoyar a los británicos. No obstante, era el príncipe de Rajastán con mayor número de salvas, diecinueve. Curiosamente, los británicos le condecoraron por no hacer nada: "porque rendí a los británicos el más alto servicio. Mientras los británicos guerreaban en Europa no tomé Delhi. ¿No es un gran servicio suficiente?” No hizo la vida fácil a los ingleses, por lo que éstos intentaron derrocarle.

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