Designed by VeeThemes.com | Rediseñando x Gestquest

Los saris son el color de la India 56 (2011). El templo Baldhasar.

 




Nada más entrar al templo nos admiró la profusión de decoración. Los muros estaban recubiertos de frescos, espejos, imágenes y azulejos. Ni un centímetro de pared estaba exento de decoración. Era apabullante. No sabíamos hacia dónde mirar y por dónde empezar. En el dintel de la entrada aparecía la primera escena. Un jardín florido recorría los muros. En la cúpula se sucedía una serie de medallones con escenas y personajes que debían ilustrar enseñanzas para los fieles, una suerte de biblia jainista con su santoral en la piedra del templo. En el tambor, representaban una procesión o una caravana y ciudades amuralladas.

Nos acogió una sala hipóstila de hermosas columnas. El lugar invitaba a permanecer en él. De habernos sentado hubiéramos empezado a rezar o a meditar. El contrapunto lo ofrecía un tío que era idéntico a Almodóvar, con pelo teñido de pelirrojo cortado a lo movida madrileña, una tripa cervecera y gestos afeminados. Se ofreció a mostrarnos el templo y nos invitó a depositar una ofrenda. Mi tío, que siempre llevaba billetes de 10 y de 20 rupias, depositó unos pocos en la escudilla. Nos acercamos al sancta sanctórum, al lugar más sagrado, una cámara ocupada por una representación del profeta. Estaba en posición del loto, como un buda. La mirada era penetrante e inquietante. Delante quedaba un pequeño baldaquino coronado por una shikhara.



Los muros del lado izquierdo albergaban figuras que recordaban la estética hinduista, aunque con una mayor rigidez en los rasgos corporales. Continuamos por el deambulatorio, invadido por los murciélagos, que nos dieron un susto de muerte. El suelo estaba cubierto de cacas secas.

Subimos al piso superior. Encontramos otro santuario con cuatro imágenes como las anteriores elevadas sobre un pedestal. Desde allí nos asomamos a la ciudad vieja de casas bajas con terrazas. Era un mirador privilegiado. Escuchamos la llamada del muecín a la oración, recordando la mezcla pacífica de credos.

A la espalda observamos las puntas de las shikharas de los otros templos, el Sandeshwar y el de Laxminath. Desgraciadamente, estaban cerrados y no pudimos entrar a verlos. En la plaza, un santón nos llamó la atención por importunar a las palomas. Es verdad que ninguno de los dos les teníamos mucho cariño.

0 comentarios:

Publicar un comentario