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Los saris son el color de la India 53 (2011). La educación de los príncipes.


 

Otra estancia hermosa era el palacio de la Nube o Badal Mahal. Su nombre procedía de la decoración de los muros con azulejos azules y blancos que simulaban un cielo con nubes. Estaba adornado con una estatua de la pareja divina Vishnú y Lakshmi.

Subimos. Desde lo alto, las vistas sobre los jardines, con la ciudad al fondo, eran excelentes. Los jardines brindaban un aspecto un poco desangelado. Moverse por el entramado de habitaciones debió ser complicado. Nos quedamos contemplando un balancín para niño que era una auténtica joya.

-Desde niños, a los herederos se les inculcaban los valores y la historia de su reino a través de contadores de historias. Las leyendas y el folklore concienciaban sobre quiénes eran, cuál era su familia y cuáles eran sus deberes-. Mi tío recordó estas palabras en la habitación que ocupó uno de los herederos-. Resaltaban la virtud y eran ejemplos de comportamiento para el príncipe. Inculcaban valor, honestidad, gran corazón, valentía. Las castas de los charans y bhats eran las encargadas de mantener esta tradición. Eran los bardos de la corte, los panegiristas, los genealogistas, los que guardaban o preservaban esas historias y las contaban. También ejercían como intermediarios en negociar matrimonios y eran garantes de obligaciones. Si un deudor no pagaba, la ejecución de su garantía implicaba su suicidio. Bhats y charans eran considerados sagrados y objeto de gran respeto. Sus maleficios eran terribles y todos querían estar a bien con ellos. En Bikaner, los charans estaban asociados con Karni Mata, una divinidad que realizaba milagros.



Me gustó escuchar aquel apunte sobre la forma en que eran educados aquellos personajes a veces extravagantes que sintonizaban con su pueblo más que los actuales dirigentes. Los príncipes estaban sujetos a una estricta educación que abarcaba el aprendizaje de idiomas, como el inglés, el hindi, el sánscrito o el urdu y el árabe, si eran musulmanes, protocolo, las artes de la guerra, como el uso del arco o disparar con armas de fuego, montar a caballo, deportes, entre los que no podía faltar el cricket o el polo, el fútbol o el tenis, derecho para impartir justicia y un sinfín de materias. Desde los siete años eran preparados para que asumieran con honor sus altas funciones. Un entrenamiento a veces bastante exigente. A la edad de nueve años abandonaban las estancias de las mujeres para ocupar sus propios apartamentos con su propia servidumbre. Nunca faltaba un tutor británico. Algunos abandonaban su estado para estudiar en Inglaterra o en uno de los princes colleges, como el Mayo, en Ajmer, muy al estilo de los colegios ingleses. Otros, aprendieron en la corte y compartían el día a día con su familia. En muchos casos eran aislados del mundo exterior, del mundo de los súbditos a los que gobernarían en el futuro.

Aprovechando la confianza que mi tío había tomado con el guía francés y alegando que nos habíamos perdido, nos colamos en el museo Prachina, del que no llevábamos entrada. Nadie nos lo impidió, todo hay que decirlo. Las colecciones eran impresionantes pero el tiempo apremiaba. De pronto, nos encontramos con un avión encerrado en un patio cubierto. Fue uno de los regalos de los ingleses a los buenos servicios de su amigo el príncipe Ganga Singh.

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