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Los saris son el color de la India 52 (2011). Los honores de la Corona Británica y los súbditos.


 

El maharajá de Bikaner tenía derecho a diecisiete salvas de saludo. Los ingleses establecieron esta graduación a base de cañonazos para jerarquizar a los príncipes. El máximo honor eran veintiuna salvas, sólo concedido a seis estados. Los servicios a la Corona Británica aumentaban el número de salvas. Los príncipes pugnaban por sumar esas sonoras distinciones. La categoría se trasladaba, por supuesto, al lujo del palacio. En Rajastán, el señor de Udaipur era el más elogiado a cañonazos, con diecinueve salvas. Jaipur y Jodhpur compartían honores con Bikaner. Jaisalmer bajaba a quince salvas. A falta de poder efectivo, en manos de los británicos, estas distinciones consolaban a los señores.

El príncipe del clan rathor Ganga Singh fue general del ejército británico y miembro del gabinete de guerra. Durante la Primera Guerra Mundial lanzó sus caballeros al asalto de las trincheras alemanas. En la paz, transformó partes del desierto en oasis de jardines, lagos artificiales y prósperas ciudades. Se preocupaba del bienestar de sus súbditos.

El advenimiento de los ingleses supuso un profundo cambio en los príncipes de la India. Muchos de ellos se desentendieron de los asuntos de estado y confiaron los mismos a un ministro, mientras ellos se dedicaban a una vida de ocio. Se rompía la relación padre-hijo que había caracterizado hasta ese momento la relación con los súbditos. Se entregaron a competir entre ellos por ser el más extravagante, el que tenía el palacio más grande, el que poseía más coches o un mayor harén. No fue el caso de este gran hombre. Se preocupó de su pueblo y fue responsable de la modernización de su estado.

Desde un patio de muros blancos, hermosos balcones y ventanas entramos en el Anup Mahal, construido por Surat Singh, contra el que se sublevaron los nobles. La estructura del salón era similar al anterior. La decoración, en rojo y dorado, brillaba. El lugar destinado al soberano estaba encajado en el muro, como un falso balcón abierto hacia el interior. El trono era bajo, casi una cama.

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