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Los saris son el color de la India 33 (2011). Gurgaon y la carretera.


 

El cielo estaba despejado, el sol candente, la humedad había bajado pero los 34° que marcaba el termómetro del Maruti Suzuki Swift garantizaban un fuerte calor. Atravesamos un peaje que marcaba el cambio de estado. Empezamos a observar, para nuestra sorpresa, edificios altos, torres de cristal y acero, rascacielos modernos. No nos lo esperábamos. Era Gurgaon.

Aunque Gurgaon pertenecía al estado de Haryana, realmente era una pujante ciudad dormitorio de la capital y la sede de las principales multinacionales que operaban en el país. Krishna nos informó de que concentraba muchos call center que daban servicio a todo el mundo anglosajón. Empresas de outsourcing, de subcontratación de tareas empresariales, habían aportado mucho negocio a la ciudad. Era la tercera ciudad de la India por renta per cápita. Su población había pasado de 870.000 habitantes en 2001 a más de 1.500.000 en 2011.

La cercanía a la capital (30 km) y al aeropuerto y sus buenas comunicaciones (la Delhi-Gurgaon expressway, entre otras) había provocado un crecimiento espectacular. También se había beneficiado de incentivos fiscales del estado de Haryana. Cualquiera diría que sus orígenes más remotos se trasladaban hasta el Mahabharata, la gran epopeya hindú.

Los cuatro carriles se transformaron en dos y paulatinamente el tráfico se fue espesando. La velocidad máxima era de 80 km/hora. Circulaban unos camiones inmensos profusamente decorados, con alegría, algún dios protector, muchas flores, guirnaldas de tela, como borlas, y un ambiente festivalero. En la parte trasera, la reseña blow horn, para que nadie se cortara en utilizar el claxon. Eran muestras de un arte popular que se agradecía en la monotonía de un viaje largo. Muchos camiones estaban parados al borde de la carretera y formaban colonias de vehículos adosados.

En las cunetas reinaba mucha basura. La cantidad de plástico era enorme. Se desperdigaba por el campo. Parte de culpa la tenían las vacas que buscaban alimento entre esos montones de desperdicios, en los contenedores y cubos que a veces volcaban. Otras vacas optaban por permanecer a la sombra de frondosos árboles. Me sorprendió tanto verdor y tanto arbolado. Creí que viajábamos hacia el desierto. Con tanta vegetación, un jardinero siempre tendrá trabajo en la India.

Los núcleos urbanos se fueron disolviendo. El paisaje era más rural. Junto a la carretera siempre podías encontrar puestos, pequeñas tiendas y talleres donde igual reparaban un carro o una bicicleta que un autocar.

En Dharudhera abandonamos la NH8 y tomamos la SH26. Perdimos el segundo carril. El cielo se volvió plomizo en el distrito Rewari. En Rewari nació Heme, un personaje curioso que llegó a ser emperador de la India en el siglo XVI. Lo peculiar fue que era hindú en un entorno dominado por los mogoles y afganos musulmanes. Disputó el trono al emperador Akbar en su minoría de edad.

 


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