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Los saris son el color de la India 26 (2011). Tráfico en la zona antigua.

 


Terminada la visita nos planteamos regresar al hotel, descansar un rato y regresar a la zona vieja para cenar. Krishna nos informó de que sus obligaciones finalizaban al dejarnos en el hotel, con lo que modificamos los planes y le pedimos que nos acercara a Chadni Chowk.

El tráfico en Delhi, y más en la zona antigua, era demencial. Unido a la hora punta, supuso un atasco mayestático. Nuestro divino conductor hizo lo imposible por dejarnos lo más cerca posible. Cruzar la calle fue una auténtica proeza.

En pocos metros se juntaban templos de las principales religiones de la India: el Digambara, de los jainistas, con su peculiar hospital para aves; el Gauri Shanka, hinduista, dedicado a Shiva; el Sisganji, de los sikhs; y la mezquita Sunehri. Con tiempo nos hubiéramos descalzado en todos ellos y hubiéramos vivido el fervor de los diversos cultos al ocaso.

Ese momento era el de mayor actividad. El calor remitía ligeramente, aunque nosotros lo notábamos poco por el agobio de la gente. Si a mediodía era complicado avanzar, en aquel momento era un acto de fe y tenacidad. Incluso paramos en un cruce para aislarnos un poco y fumar un pitillo sin tanto barullo.

La idea era deambular un rato por el bazar y luego tomar algo y descansar, que las piernas habían trabajado bastante. En la calle había pequeños puestos de comida, pero ningún lugar que fuera similar a un bar o una cafetería. Quizá se encontraban en las calles secundarias, en el interior, tras esas fachadas. Las especificaciones de la guía no daban para más.

Pasemos por una zona donde vendían flores, otra zona de juguetes, otra de ropa... cada producto, una zona. El mercado de las joyas lanzaba destellos interesantes. Las piezas eran muy recargadas.

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