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Por el corazón de la via Francigena 80 (2014). San Marcos y Savonarola III.

 

Imagen de dominio público. Referencia: Wikipedia.

La reforma pretendida por nuestro fraile fue propuesta al poder civil para su aprobación mediante diversas leyes que garantizaran el buen vivir y la justicia. En el plano político, en su deseo de reconciliación y paz universal, propuso que los condenados por la Signoria pudieran recurrir ante un Consejo de Ottanta o cento. Sin embargo, a los condenados por la conjura de los partidarios de los Medici se les negó ese derecho, lo que dejó tocado su prestigio. Él desmintió que instigara esa decisión.

En el plano moral, intentó regenerar a mujeres y niños. Para las religiosas preveía una autonomía relativa, pero se topó con una férrea oposición entre sus propios discípulos. Se recondujo a los modelos tradicionales de tutela masculina. Para las mujeres seglares pedía “la renuncia a lo superfluo, al lujo -destaca Benavent- y exigía la decencia y un comportamiento religioso”.

Para los niños pretendió el cese de la violencia callejera y su transformación “en un ejército que velaba por las buenas costumbres y la virtud en todos los ámbitos de la vida cotidiana florentina” -apunta Julia Benavent. Para ello, su estrategia fue mantener las celebraciones habituales cambiando la finalidad y adaptándolas a la moral cristiana. Por ejemplo, las canciones obscenas eran sustituidas por letras edificantes.

Incluso el sistema asistencial fue mejorado, lo que dio lugar a que hubiera unas 150 cofradías, al menos 35 hospitales y docenas de asociaciones asistenciales. Como los Medici asociaron todo ello con Savonarola, lo suprimieron en 1530, al regresar al poder.

La sala capitular, el refectorio, el claustro de San Antonio o el albergue de peregrinos quedarán para otra ocasión.

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