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Por el corazón de la via Francigena 67 (2014). La sala de los Quinientos. La batalla de Anghiari.

 


Es hermoso el patio del palazzo Vecchio o de la Signoria. Aun se utiliza parcialmente el edificio como ayuntamiento. Su aspecto acastillado exterior se dulcifica con los frescos del interior. Es el patio de Michelozzo, arquitecto predilecto de Cosme el Viejo allá por el siglo XV. Más al interior, el de la Aduana.

El primer piso nos recibe con una sala enorme, la sala de los Quinientos, el Consejo General en tiempos de Savonnarola. Es impresionante pero más lo hubiera sido de haber cumplido sus encargos dos de los grandes artistas florentinos, Miguel Ángel y Leonardo. Ambos habían regresado a la ciudad en 1500. Miguel Ángel era el artista emergente. Leonardo andaba por la cincuentena. Nunca se llevaron bien. Miguel Ángel era irascible, pendenciero. Su nariz torcida fue fruto de un puñetazo de Pietro Torrigiano, al que había insultado. Tuvo problemas con otros artistas. Leonardo era de carácter más dulce, siempre rodeado de discípulos y amigos, desenfadado en el vestir. Ambos eran homosexuales. Mientras Leonardo lo llevaba con naturalidad, Miguel Ángel, “cristiano devoto -nos informa Isaacson en el libro sobre Leonardo, del que tomo muchos datos- sufría las convulsiones del tormento y del éxtasis de la fe.

Leonardo recibió el encargo de pintar la Batalla de Anghiari en 1503 con el objetivo de ensalzar la gloria de los guerreros en la victoria de Florencia sobre Milán en 1440. El pintor quiso ir más allá combinando lo fascinante y atroz de la guerra, que había conocido de primera mano acompañando a César Borgia en campaña, el movimiento y las emociones. Lo que conocemos es gracias a las copias de los cartones. El mejor es el realizado por Rubens de la parte central.

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