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Los saris son el color de la India 6 (2011). La tumba de Humayún.

 


Empezar la visita de un país por un cementerio suena tétrico. Cualquiera pensaría en las tendencias morbosas de quien lo hubiera propuesto. Pero la tumba era un agradable jardín muy bien cuidado. Era un parque donde se respiraba paz en un entorno limitado por altos muros. Un lugar ideal para pasear y reflexionar.

A la derecha, nada más entrar, se encontraba la tumba de Isa Khan, un noble de la corte de Sher Shah que combatió a los mogoles. Solía ser ignorada, por lo que nos había advertido de su importancia el tío Luis. Estaba rodeada de andamios de bambú. La estaban restaurando. Curiosamente, el día antes habían descubierto un jardín contiguo o subterráneo (así me pareció que debía traducir sunken garden) que era el más antiguo de la India. Nos asomamos y aún apreciamos su forma octogonal, su cúpula central y las cupulillas en cada lado. Sobria, elegante, atrayente.

Sobre las losas rojizas, mojadas por la lluvia del amanecer, caminamos hasta el pórtico, la darwaza, una imponente estructura curvada de arenisca roja y adornos de mármol blanco, un claro signo de magnificencia.

-La arquitectura mogola estaba al servicio del poder. Está plagada de simbolismo. Sus formas son metáforas en piedra.

Cruzamos el pórtico. La tumba se mostraba ante nuestros ojos con rotundidad.

-Es habitual la estructura de Hasht Bihisht o de ocho paraísos, que alude a las ocho puertas del paraíso coránico. Son ocho salas alrededor de otra central cubierta por una cúpula.

La estructura me recordaba a las fotos del Taj Mahal, que visitaríamos en unos días.

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