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Por el corazón de la vía Francigena 52 (2014). En recuerdo de Dante.

 


Por supuesto, subir a San Miniato es demasiada penitencia. Su fachada brilla en lo alto tapada por los árboles. Regresar al hotel en autobús es casi una ofensa. No se puede renunciar a lo que está entre la plaza y el hotel. La luz aún define los volúmenes.

Por Ponte alle Grazie, recto, alcanzamos la plaza de la Santa Croce. Junto a la iglesia, una estatua de Dante Alighieri, el gran poeta toscano. En el interior, un grupo escultórico le homenajea. No está su tumba, que el año pasado visitamos en Rávena. Murió en el exilio.

Dante aprendió filosofía escolástica en la Santa Croce y en Santa María Novella. Vivió una época convulsa. Los güelfos, partidarios del Papa, habían triunfado sobre los gibelinos imperiales. Los güelfos se dividieron en dos facciones, los blancos o moderados, a los que pertenecía el poeta, y los negros.

En el Canto VI del Infierno, de la Divina Comedia, retrata esa lucha: "tras grandes discusiones llegarán a verter su sangre y el partido salvaje arrojará al otro partido causándole grandes pérdidas. Luego será preciso que el partido vencedor sucumba al cabo de tres años y que el vencido se eleve merced a la ayuda de aquél que ahora ensalza. Esta facción llevará la frente erguida por mucho tiempo teniendo bajo su férreo yugo a la otra, de la que me lamento y avergüenzo. Aún hay dos justos, pero nadie los escucha. El orgullo, la envidia y la avaricia son las tres antorchas que han inflamado los corazones".



Son palabras de Ciacco, condenado por el pecado de la gula, al que Dante le pregunta dónde irán a parar los habitantes de Florencia tan divididos en bandos. Amada e ingrata Florencia.

Atravesamos el entramado medieval hasta el museo del Bargello, excepcional museo de escultura con un hermoso patio y una torre que marca su posición. Fue el primer ayuntamiento de la ciudad, cárcel y lugar de torturas y ejecuciones. Quizá de los compañeros de Dante. Le recordamos en el canto VI del Purgatorio: "Florencia mía: bien puedes estar satisfecha de esta digresión que no te alcanza, gracias a tu pueblo que tanto procura por ti. Hay muchos cuyo corazón es justo, pero su justicia es tardía, porque temen disparar el arco imprudentemente”.

Enfrente está la Badia Fiorentina (la Abadía Florentina), de la Fraternidad de Jerusalén. Era la parroquia de su gran amor, Beatriz, a la que contempla en misa y de la que quedó inmediatamente enamorado, según consigna en la Divina Comedia.

Este era el barrio de Dante. Su casa-museo y la parroquia de Santa Margarita, donde fue bautizado, están a un paso. Realmente no es su casa aunque no estaría lejos de este lugar y siempre se puede venir en peregrinación para un sentido homenaje. Saludamos a su busto de piedra.

Y procuramos no entretenernos mucho más para aprovechar un rato de descanso.

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