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Por el corazón de la vía Francigena 3 (2014). Gallos que marcaron fronteras.

 


Cuenta una leyenda que la división de la región de Chianti, famosa por sus vinos tintos, entre Florencia y Siena se debió a la intervención de dos gallos.

Después de muchas luchas cruentas se decidió que la frontera entre los dominios de ambas ciudades se trazaría con un torneo entre caballeros. Allá donde se encontraran, tendría lugar. Cada uno de ellos partiría al canto del gallo.

Los sieneses criaron un gallo blanco y poco propenso a madrugar, mientras que los florentinos dieron poco alimento al gallo negro que habían elegido. Este cantó antes del alba, lo que permitió al caballero florentino avanzar más que su colega del sur, que tan sólo avanzó cuatro leguas. Quizá por ello el emblema del gallo negro sobre círculo rojo, el de las etiquetas de las inconfundibles botellas panzudas forradas de mimbre y con un cordel que facilita su transporte, consagre aquel hecho entre lo histórico y lo mítico.

Se repiten los campos de viñas de uva Sangiovese, que en tres cuartas partes forma el caldo con otras uvas Merlot y Cabernet. Las viñas se amoldan a sus palos verticales que trazan unas geométricas sombras sobre los suelos verdes. Vino y arte, una fórmula con duende, reza el artículo de la revista Travaler de Condé Nast.

Es un espacio de reductos de paz con acogedoras casas de campo que huyen de las cámaras como los famosos de verdad y se ocultan tras las colinas, los bosques o las sucesiones de olivos, que ésta es tierra de buen aceite desde los ancestros.

Aún perduran las murallas que recuerdan aquellos combates que hicieron intervenir a gallos y caballeros, pequeños pueblos donde sería estupendo retirarse, villas reconvertidas en hoteles con encanto y campos de esencias relajantes.

Pasan a nuestro lado en la mañana del viernes, se desperezan con el sol que calienta sin enrabietarse. Algún día habrá que internarse en esos pequeños pueblos de esencia mediterránea, rodeados de viñas y olivos, en las bodegas de buenos caldos y consagrarse al dolce far niente.

Por ahora, continuamos por la carretera que nos deleita a media mañana. Embriagador paisaje. Como embriagan las viñas antes de convertirse en vino.

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