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Por el corazón de la via Francigena 24 (2014). Siena. Palacio Communale.



El poder civil de aquellos buenos tiempos medievales se encarna en los salones del palacio Público o Communale. La autonomía respecto de otros poderes le permitió enriquecerse y trasladar su opulencia a los edificios, a una arquitectura soberbia.

La primera sala, del Risorgimiento o de Víctor Manuel II, nos descoloca un poco porque sus frescos ilustran la Unificación Italiana. Es un contraste.

Las siguientes responden al guion medieval en su arquitectura y sus frescos, que invaden paredes y techos. La sala de Bailía o de los Priores está decorada con escenas del papa Alejandro III, obra de Spinello Aretino, y las dieciséis virtudes en la bóveda.

-Rolando Bandinelli, el papa, era sienés. Tuvo que convivir con el antipapa Víctor IV, nombrado por el emperador Barbarroja. Cuando éste fue reconocido papa, aquél tuvo que exiliarse a Francia. La lucha con el emperador marca su pontificado. Confirmó el privilegio de año jubilar de Santiago de Compostela.

En los frescos su autoridad es indubitada.



Entre santos y vírgenes destaca una batalla naval, una lucha encarnizada que aún no ha definido su ganador. Los escudos con el águila imperial negra sobre fondo amarillo definen un bando. Escudos rojos controlan sus envites.

Beccafumi decoró la sala del Consistorio con la alegoría de la Justicia y la decapitación de Cassius. Le volveremos a encontrar en el suelo de la catedral y en Santa María della Scala. Tras la sala de los Cardenales, la antecapilla, con dioses y personajes romanos de Taddeo di Bartolo, y la capilla, con una soberbia sillería taraceada y una sagrada familia de Il Sodoma, contemporáneo de Beccafumi.

La luz penetra con fuerza en la sala del Mapamundi, amplia, despejada de muebles y con unos bancos donde reciben explicaciones un grupo de turistas y, después, un grupo de niños. Aquellos prestarán más atención que éstos, lo que es lógico.

El mapamundi que daba nombre a la sala era de Ambrosio Lorenzetti, otro gran pintor sienés bien representado en la ciudad. La obra pereció, pero permaneció la denominación. Aquí se enfrentan dos frescos emblemáticos. El primero es la Majestad de Simone Martini, de 1315, la primera obra suya bien documentada. La Virgen, en majestad, una representación muy habitual en aquella época, está rodeada de santos.


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