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Por el corazón de la via francigena 22 (2014). Siena. El Palio

 


De la guía de Siena de Edizioni Plurigraf

Días antes de la carrera, en verano, con el calor que obliga a salir a la calle a compartir la alegría, los vecinos se reúnen en torno a una gran mesa en comidas de confraternización. Especulan sobre la posibilidad del triunfo, recuerdan momentos memorables, corre el vino, la música ayuda a la unión, comparten los alimentos.

Unos colores, un animal (tan exótico como un rinoceronte, una jirafa o un elefante, tan habitual como una lechuza o una oruga), un santo, un oratorio, un barrio. Cada contrade muestra sus señas de identidad en torno a las que se aglutina un colectivo que vive la fiesta con absoluta entrega. Pervive el espíritu de los gremios, el sentimiento de grupo, la sana competencia. Dicen que el Palio fue la forma de canalizar las disputas entre familias y facciones, que desangraron las ciudades de la Toscana, hacia una competición alegre.

Los caballos y los jinetes son bendecidos. La carrera es a mayor gloria de la Virgen, que reina en el estandarte que será entregado al vencedor. Viven con fervor los rituales, rezan en la capilla por la victoria, por el honor del minuto y medio más intenso del año. Dos veces al año: el 2 de julio y el 16 de agosto.



Los cortejos toman las calles con sus vistosos ropajes. Los abanderados se esfuerzan por trazar las filigranas más espectaculares. Arrancan los aplausos, los vítores van calentando el ambiente.

Los más privilegiados ocupan los balcones, las gradas, los lugares que permiten una buena visión. El resto, invaden el centro de la plaza y esperan horas al sol hasta que empieza la carrera.

Se sitúan los caballos, impacientes por salir. Se mezclan los colores y los emblemas, ruge el público, unos se santiguan, otros gritan al representante de su parroquia.

...¡Y se da la salida!

Toma la cabeza el águila imperial por muy poco sobre la pantera y el delfín, la tortuga remonta posiciones, toman la primera curva, la selva se rezaga al haberla cerrado sus oponentes, trastabilla el dragón aunque su hábil jinete se mantiene, nueva curva, alternancia de posiciones, un mal gesto y las increpaciones del público al representante de la torre, no hay espacio para adelantar, curva, el hocico de uno de los animales gana una ligera ventaja, atrás la lucha es feroz, primera vuelta completada, si siguen así va a ser una carrera de récord, el verde y amarillo ataca con furia y gana dos posiciones, la oruga parece descartada pero no adelantemos acontecimientos, curva, aprietan las piernas, animan a la montura, guardan la posición, curva, se cierra el  acceso al unicornio, que parecía perdido, la lucha se centra entre la jirafa y el puercoespín, segunda vuelta completada, ya no se puede fallar, la tortuga avanza con ímpetu, curva, el dragón no se da por vencido, curva, se produce el último sprint y ¡gana!...

No importa quién sea el vencedor: la fiesta es de todos.

Caminamos hasta el centro de la plaza. Mentalmente, entregamos el premio.



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