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Por el corazón de la vía Francigena 18 (2014). Siena. Un manto en forma de plaza: il Campo.

 


Il Campo, como es conocida popularmente, forma un conjunto soberbio. A cualquier hora del día o de la noche es el centro social de la urbe. Sentarse en el suelo de la plaza o en uno de los restaurantes es un ritual necesario. Hay que pararse a disfrutar de su arquitectura y su movimiento.

Tras un breve paseo y otear las terrazas cubiertas nos decidimos a sentarnos en Il Palio, cómo no, como se denomina el festejo más colorido e importante de Siena. La cena nos la amenizará el trasiego de gente. Es uno de esos momentos magníficos.

Dicen que su forma en pendiente, al ocupar la confluencia de las tres colinas sobre las que se asienta la ciudad, simula el manto de la virgen, a la que demuestran una especial devoción. Por algo intercedió en la victoria de Montaperti. Nos recuerda una gran concha marina. Es el lugar donde se celebra el Palio desde el siglo XVII, aunque desde el siglo XIII se corre esta popular carrera de caballos que enfrenta a las diecisiete parroquias de la ciudad, las contrade. Su división en nueve secciones recuerda al Consejo de los Nueve. Ocupa un antiguo mercado romano. Desde el palacio Público se regía el destino de una población de 100.000 habitantes en la primera mitad del siglo XIV.


Siena es ciudad universitaria. Hemos pasado ante uno de los edificios, soberbio, por cierto, de esta institución, nos hemos cruzado con muchos estudiantes, algunas eran erasmus españolas. Se palpa el ambiente joven y animado. Funciona desde el siglo XIII, aunque se consolidó con las concesiones de Carlos IV en 1357. Estaría bien pasar un curso en la ciudad.

Alejados de la plaza, la vida se relaja y el movimiento se adormece. Las tiendas han cerrado y los jóvenes buscan dónde pasar el día de san Valentín. Nos infiltramos por calles laterales alumbradas por la luna llena y tenues faroles. La constante son las calles estrechas, de leyenda o lance, los palacios de sillares oscuros, el regreso a la Edad Media, el placer agarrado a los sentidos.

Nos hemos hecho una idea de la ciudad y se impone el descanso. El regreso es un nuevo placer.

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