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Por el corazón de la vía Francigena 12 (2014). Volterra III

 


Casi enfrente está el palazzo Pretorio, con la torre del Porcelino, el pequeño cerdito que lo adorna en lo más alto. Fue sede del podestà o alcalde y del capitán del pueblo. Los otros palacios también sufrieron el terremoto de 1846 y fueron restaurados.

-Volterra es la ciudad del alabastro.

Este producto ya no es la principal fuente de ingresos. Varios talleres aun lo trabajan. Una cabeza de virgen de nariz dañada se asoma a la ventana en busca de consuelo.

La Pinacoteca y el Museo Cívico, que ya se sabe son habituales en estos pueblos, ocupa un hermoso palacio, el Minucci-Solaruni. Acapara una pequeña colección y algunas obras maestras. La foto de la Madonna entronizada con el niño, de Taddeo di Bartolo sirve de reclamo para atraer al visitante. Luca Signorelli y Ghirlandaio también están representados magníficamente.



Desde las murallas la vista sobre el teatro romano es imponente. No se conserva mal la fachada y algunas gradas. Las columnas marcan el lugar donde se ubicaba  un templo. Buscamos con la mirada las termas. Un nuevo signo de la importancia de la población en la época romana.

Al fondo, sobre un altozano y con las espaldas guardadas por el campo que se diluye en el horizonte, la abadía de San Giusto, primer obispo y patrón de Volterra. En el siglo VI salvó al pueblo de la invasión bárbara, según leímos en la web local. La leyenda cuenta que convenció a los exhaustos ciudadanos asediados para que bombardearan con pan a los invasores, que debieron convencerse de la inutilidad del cerco para rendir la plaza por hambre.

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