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Dos peregrinos en tiempo de pandemia 71 (Camino Inglés). El gozo.

 


Como si hubieran dado el pistoletazo de salida, demarramos como dos ciclistas profesionales decididos a ganar la etapa. Fuimos adelantando a otros peregrinos y turistas que enfilaban hacia la plaza del Obradoiro.

-Acelera tío- dijo Jose.

Y disciplinadamente apretamos más aún el paso. Los pies se volvieron ligeros, el golpeteo de nuestros bastones se acompasó y como en una toma de photo finish entramos en la plaza.

Sentimos una emoción inmediata, un inmenso sentimiento de alegría, una mezcla de lágrimas y deseo de gritar. Nos dirigimos hacia el centro de la plaza esquivando gente que quizá no era consciente de nuestra presencia y de lo que nosotros considerábamos una hazaña. Había varios grupos felices, gente sentada en el suelo de piedra con cara de agotamiento, otros con cara de felicidad.

-Después de cuatro meses por fin lo he conseguido –escuchamos cerca nuestro.

Nuestro esfuerzo no había sido tan desmedido, aunque para nosotros significaba la plenitud. Nos abrazamos con fuerza, con emoción, con brazos de héroes y espíritu de iluminados que han concluido su aprendizaje.

-¿Os importa hacernos una foto?- le pedí a una pareja joven. Él se agachó para intentar sacarnos completos con la fachada del Obradoiro en su integridad. Luego nos hicimos más fotos con las cámaras, observamos el panorama de peregrinos, escuchamos el aplauso a un grupo numeroso, que hicimos nuestro.

Estábamos llenos de gozo. Diría que de gloria, de purificación. Nuestros músculos cansados estaban cargados de la energía del Camino que había penetrado en nuestro cuerpo para acompañarnos en esta experiencia singular, inigualable.

La tradición hubiera obligado a presentar nuestros respetos al Santo y pasar nuestros dedos sobre el árbol de Jesé que adorna el Pórtico de la Gloria. Siglos de peregrinajes y miles de caminantes han pulido la piedra con el sencillo gesto de arrastrar la mano ante la corte de figuras dotadas de espiritualidad del Maestro Mateo. Pero hace tiempo que el Pórtico ha sido aislado y su visita dosificada. Además, la alarma sanitaria aconsejaba limitarlo o suprimir los contactos. Tampoco pudimos darnos cabezazos como los estudiantes de la Universidad contra la testa del ilustre escultor medieval para que nos concediera conocimiento y aprobáramos los exámenes. La vida nos volverá a examinar con la bendición del Maestro y del Santo.


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