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Dos peregrinos en tiempo de pandemia 68 (Camino Inglés). Campo y bosque.

 


Nos adelantaron varios pequeños grupos de peregrinos, siempre reducidos de tamaño. Los que lo hicieron varias veces fueron unos chavalotes de unos veintitantos que también estuvieron hospedados en nuestro albergue.

-Cuando lleguéis a Santiago nos pedís dos Estrella Galicia.

-Nosotros somos más de 1906- contestaban sonriendo.

-Buena elección. No nos importa cambiar de marca.

Se despistaron, se salieron de la ruta, regresaron y nos adelantaron con un ritmo poderoso, les adelantamos cuando descansaron y volvieron a tomar ventaja. El Camino lo cubrían más ciclistas que caminantes.

Del campo abierto nos infiltramos en el bosque de apretado techo vegetal que esta vez nos protegía de una lluvia fina. Paliaba el calor del sol, claro, cuando se animaba a salir de entre las nubes. Más adelante hubo que ponerse el chubasquero y la capa porque la lluvia se animó y amenazaba con empaparnos. En una cuesta realizamos la operación de quita y pon dos veces por la indecisión del cielo.

El bosque nos devoró. Los troncos de los árboles estaban forrados de musgo, las ramas y las hojas cerraban el acceso al sol formando una cubierta que filtraba a su antojo la luz. A los lados del camino el bosque era denso, impenetrable, como una jungla atlántica. Imperaba el silencio, que respetamos suspendiendo el diálogo. Los helechos se balanceaban con inocencia infinita.


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