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Dos peregrinos en tiempo de pandemia 65. Buscadores de verdad.


 

Durante aquellos días de caminar intenso recuerdo que nos llamó la atención la diferencia de tiempos y esfuerzos entre avanzar a pie o en coche. Consultábamos Google Maps y nos informaba del número de kilómetros, del tiempo que tardaríamos en completar la etapa. Una veintena de kilómetros eran una mañana y, sin embargo, en coche eran veinte minutos. Eso sí, la percepción era abiertamente distinta, el premio singularmente diferente.

Porque el avanzar lento llevaba a la introspección, al recuerdo de lecturas, a la reflexión sobre el lugar que atravesábamos y su significado. Estábamos en el lugar de los buscadores de la verdad, como afirmaba Atienza:

La tierra que rodea Compostela inspiró, a lo largo de la historia, el comportamiento mágico de quienes vivían en ella y de quienes la visitaban. A Santiago no peregrinaban únicamente los ávidos de obtener el perdón de sus pecados, sino -en gran medida- los buscadores de una verdad que iba más allá de los credos permitidos y firmemente aceptados por la sociedad europea de la Edad Media.

Lo ratificaba Sánchez Dragó en otro texto que recogía su libro Gárgoris y Habidis:

La puerta se abre a todos, enfermos e sanos,

no sólo a católicos, sino aún a paganos,

a judíos, herejes, ociosos y vanos;

y más brevemente a buenos y profanos.

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