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Dos peregrinos en tiempo de pandemia 58 (Camino Inglés). Por referencia un bar. Y hacia Sigüeiro.

 


Si intentas localizar una población de La Coruña por la referencia de bar O Cruceiro puedes encontrar tantos resultados que no te servirá de nada. Quizá estaba en Calle, uno de los pueblos de la etapa. En cualquier caso, era el núcleo de población con más casas en toda la jornada. En el bar nos reunimos una buena parte de los caminantes con destino a Sigüeiro. Y muchos decidimos hacer una parada para descansar y tomar algo. El problema es que la camarera (o quizá la dueña) estaba sola y no daba abasto con las peticiones de bocadillos de una familia sentada en el exterior. Estaba agobiada y, aunque al principio estuvo un poco impertinente, luego cambió el tercio, nos ofreció el sello para las cartillas y nos sirvió dos bebidas frías que nos supieron a gloria. Allí confluyeron las dos chicas y el señor del inicio de la ruta.



Después del paréntesis urbano regresamos al bosque auténtico con unos paredones de tierra compacta que hacían de muros naturales del camino. Por allí asomaban las raíces de árboles que amenazaban inestabilidad.

La jornada no ofrecía una especial dificultad en cuanto a cuestas pronunciadas. Sin embargo, era bastante larga para nuestros cánones, ya que eran unos 24 kilómetros a los que había que sumar otros tres o cuatro desde el hotel hasta retomar el Camino. Si que recordábamos las piedras que se clavaban en las plantas de los pies. No había retomado las zapatillas de trekking y las deportivas eran insuficientes para evitar esa incomodidad. Tampoco fue tan desagradable, ya que nuestra continua charla nos aislaba de los pesares y de la sobrecarga de kilómetros.

El último tramo se hizo especialmente pesado. Íbamos comprobando la distancia en los mojones y cotejando con el móvil. Indicaba que faltaban 6 kilómetros, hora y cuarto. De los pies hechos polvo pasamos a cierta ansiedad por comer. No habíamos comido nada desde el desayuno. Sólo habíamos tomado líquidos. Aceleramos el paso. Juan nos había aconsejado visitar la hípica y bar de Xoaquín, en el antiguo trazado. Como suponía un desvío lo desechamos. Parece que, además, estaba cerrado por la crisis.

Apareció el polígono industrial, el edificio de Televés, la avenida de Álvaro Cunqueiro, ilustre escritor gallego, entramos en Sigüeiro, lo atravesamos y llegamos al albergue Camino Real, que no era público. Un joven nos estaba esperando para entregarnos la llave, darnos las consignas y marcharse. Nos aconsejó un par de sitios cercanos y comimos en la cafetería Cortés unos espaguetis con boloñesa, raxo con patatas y tarta de Santiago. El sol pegaba con justicia. La terraza estaba llena de chavales jóvenes con pinta de estudiantes universitarios.

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