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Dos peregrinos en tiempo de pandemia (Camino Inglés) 4. Tarde en Ferrol.



El Pazo da Merced estimuló todos nuestros poros viajeros. Nos enamoró desde el primer momento, un flechazo producto de su sugestiva situación al borde de la ría en la población de Neda, a pocos kilómetros de Ferrol. Y, sin duda, en ese amor incondicional influyó decisivamente una joven de un encanto especial que nos recibió con la tradicional hospitalidad gallega y un sentido cariñoso del buen servicio. Aquella mansión transformada en hotel se convirtió en nuestro hogar por obra de esa rubia y agradable empleada. Ahora me arrepiento de no haber apuntado su nombre para hacerle los debidos honores.

Dejamos el equipaje y salimos a comer. La pandemia y los estragos económicos y sanitarios habían cerrado la cocina del pazo, como en otros lugares a los que nos llevó el Camino, por lo que nuestra hada madrina nos informó de un restaurante en la carretera, Harina y brasas, donde comimos raxo, chipirones frescos a la plancha y una buena ensalada, todo en un formato mayor del habitual para nosotros.

La vorágine de los últimos días de julio nos había impedido comprar las cartillas de peregrino. Después de una breve siesta nos dirigimos a Ferrol para esa gestión. La chica de recepción había confirmado en nuestra ausencia que la oficina de turismo de plaza de España estaba abierta. Allí podríamos adquirirlas. Tomamos el coche y en pocos minutos llegamos. A las seis y media de la tarde no se prodigaba mucho la gente.

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