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El blanco y tenue sortilegio del sol japonés 156. En ruta hacia Nagoya.

 


Arturo y yo desayunamos solos. Javier y José Ramón se habían despertado antes y habían acudido al mercado matinal. Regresaron encantados cuando Arturo y yo empezábamos a preocuparnos por su tardanza. El tren salía a las 9.38.

El viaje hasta Nagoya compartía la primera parte del recorrido, hasta Gifu, con nuestro viaje de ida. El paisaje era espectacular aunque lo recibimos con cierta tristeza. Nos recordaba que se acercaba la última fase de nuestro viaje, nuestro penúltimo destino. Aquellas imágenes las acompañé con un haiku de Buson:

Los días lentos

se apilan, evocando

un viejo antaño.

Los recuerdos del viaje se acumulaban y era necesario organizarlos, revisarlos, buscarles significado. Parecía que llevábamos una eternidad en este país.

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