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El blanco y tenue sortilegio del sol japonés 171. Verbena en Kanda.

 


Nos decidimos a caminar por el barrio de Taito pero la avenida de altos edificios perdió interés tras unos minutos. Tomamos la línea Chuo hasta Ochanomizu Street para ver Kanda.

Al salir de la estación nos orientamos hacia la catedral de San Nicolás. Nos resultó tremendamente curioso encontrar una catedral ortodoxa rodeada de rascacielos. Uno de esos rascacielos era de la aseguradora Sumitomo. Y de hospitales, abundantes en la zona.

Yendo hacia la estación de Kanda, pues no había mucho que ver, y buscando una zona tradicional entre las altas torres, nos encontramos con uno de esos regalos inesperados de los viajes. En un cruce de calles habían montado una verbena para financiar un asilo.



Habían puesto unos plásticos en la calzada para que no se manchara nada… ¡sobre el asfalto! Estos japoneses daban unas muestras de civismo increíbles. Y, también, de facultades para divertirse y participar en las fiestas comunales. Allí estaban niños correteando ordenadamente, oficinistas que acababan de salir del trabajo, familias al completo, voluntarios que atendían los puestos y los ancianos felices de que les sacaran a la calle, les hicieran caso y vieran algo de diversión.

Dimos una vuelta, nos infiltramos entre la gente e intentamos comprar unas cervezas. Para nuestra sorpresa, nos invitaron. José Ramón empezó a hacer amistades y le presentaron a uno de los organizadores, que preparaba en una plancha una tonelada de fideos. Conversamos un rato, nos hicimos unas fotos y nos fuimos a cenar.

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