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El blanco y tenue sortilegio del sol japonés 122. Yoshimasa y el Pabellón de Plata (Ginkakuji)

 


Era bueno que el shogun disfrutara del paraíso. Más que bueno, era necesario. Así tendría el ánimo tranquilo y tomaría las decisiones más acertadas para sus súbditos y para el país que gobernaba.

Yoshimasa, el último shogun Ashikaga, eligió Higashima para la construcción de Ginkakuji, el Pabellón de Plata, para su retiro. Gobernó entre 1.443, cuando aún era un niño, hasta 1.473, en plena guerra de Onin, que se prolongó desde 1.467 a 1.477 y supuso el derrumbe político del régimen.

Quizá también a él le recibieron los bambúes y las camelias, el bosque y la montaña. Quizá en este privilegiado entorno natural reflexionó sobre las causas de la decadencia, el final de una época. Fueron las disputas familiares las que desencadenaron la guerra. Designó a su hermano como heredero al no tener hijos pero su esposa Masako dio a luz un varón al año siguiente. Se formaron dos bandos, se desencadenó la violencia. El país quedó partido y asolado.

Se refugió en la hermosura de este jardín y en la arquitectura que se asomaba al estanque. No pudo ver realizado su deseo de cubrir el edificio de madera con planchas de plata, emulando a Yoshimitsu, su pariente lejano. Su pabellón era más modesto, de dos plantas, la primera en estilo japonés, la segunda en estilo chino. El fénix también remataba la cima del tejado. Ante todo, sobriedad. Y buen gusto japonés.

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