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El blanco y tenue sortilegio del sol japonés 144. Un pueblo de "Seda": Shirikawa.

 


Cuando terminé de leer Seda, del autor italiano Alessandro Baricco, sentí la necesidad de compartir el libro con mi entorno. Lo presté varias veces y a todo el mundo le gustó. La más entusiasta fue mi madre.

Un día, a la hora de comer me lo confesó:

-El libro es preciso pero me ha gustado más porque es la historia de mi abuelo.

Mi bisabuelo no fue Hervé Joncourt, el comerciante de gusanos de seda protagonista de la obra. Fue un tratante de seda que desde Murcia comerciaba con toda Europa y que le llevó a ser uno de los más importantes del sur del continente en el siglo XIX, contemporáneo de la acción del libro que discurre con un ritmo acariciante y con una sensibilidad exquisita.

Mi abuelo nunca estuvo en Japón, el destino que busca Hervé para paliar sus problemas de abastecimiento a consecuencia de las plagas. "Esa isla está llena de gusanos de seda. Y la isla a la que en doscientos años no han conseguido llegar ni un comerciante chino ni un asegurador inglés es una isla a la que no llegará ninguna enfermedad"-apostilla Baldabiou, otro de sus personajes. "Siempre recto. Hasta el fin del mundo", era su forma de situar aquel país aislado al otro lado del planeta.

Y, en su viaje, Hervé pasó por Shirakawa. Cerca de este pueblo realizó la transacción que le había llevado hasta aquel lejano país y al que regresó en varias ocasiones. Era evidente que teníamos que visitar Shirakawa, el pueblo que algo tenía que ver con mi bisabuelo.

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