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El blanco y tenue sortilegio del sol japonés 109. Nara III y el templo Kasuga Taisha

 


Kasuga Taisha era un templo sintoísta construido en el año 786 en una zona del bosque que siempre se consideró habitada por los dioses. No le faltaba razón porque el lugar era de una magia especial.

Nada más bajar del taxi se acercaron los ciervos, a los que se consideraban  mensajeros de los dioses, como en Miyajima. La costumbre marcaba darles de comer, aunque ello pudiera acarrear ciertos pequeños peligros. Los animales se acercaban dócilmente, se insinuaban, animaban al turista con algún golpecito del morro y no insistían si no atisbaban comida. Pero al que les daba, le perseguían y le tironeaban de la ropa pidiendo más. En un despiste se comieron uno de los planos que llevaba Arturo. No había que preocuparse: estaban habituados.

Saltamos la zona de las tablillas en honor de los donantes y los barriles de sake y cruzamos el Nino torii, que marcaba el inicio de la senda ceremonial jalonada con una sucesión de linternas de piedra. Las linternas votivas aportaban solemnidad. Las altas copas de los árboles filtraban la luz del sol.

Los promotores del templo fueron miembros de la familia Fujiwara, la más poderosa entre 858 y 1068: "gobernaron utilizando el trono-leí en la Breve historia de la civilización japonesa-más que apropiándose del mismo, dominando la corte sin desplazar a la casa imperial". Utilizaron una eficaz política matrimonial para sus fines, lo que llevó a Fujiwara no Yushifusa a poner en el trono a su nieto de ocho años y nombrarse regente. Durante un tiempo fueron los únicos que pudieron utilizar el templo. Cuatro de las divinidades del templo fueron los fundadores del clan.

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