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El blanco y tenue sortilegio del sol japonés 72. El lado más moderno de Kioto: su estación.



La necesidad de sacar los billetes para los siguientes días y concretar los horarios de nuestras excursiones nos condujo a la estación de Kioto, que no habíamos disfrutado al llegar aquella mañana.
Realmente, la estación era un macro complejo que incluía los servicios ferroviarios y un complejo comercial con tiendas, restaurantes, cines y ocio. Abarcaba casi medio kilómetro de largo, una estructura híper moderna que fue contestada en su momento al romper con el aire tradicional de la ciudad. Pero las ciudades deben evolucionar e incorporar los nuevos estilos y las nuevas tendencias. Era obra de Hiroshi Hara y se concluyó en 1997.
La estación dividía en dos Kioto: al norte, la tradicional; al sur, la moderna. La segunda era poco visitada por quien venía de fuera, aunque no careciera de atractivos. Se acusaba a la estación de romper el flujo del viento. Para evitarlo, el potente arco de entrada comunicaba el norte con el sur.

Buscamos la oficina de Japan Rail y, aunque ya eran las ocho de la tarde, continuaba abierta y activa. La cola estaba perfectamente ordenada y silenciosa. Fuimos a alterar esa quietud con nuestro diálogo, manteniendo el tono de voz bien bajo, para no despertar suspicacias.
La chica que nos atendió parecía sacada de un anime de Asahi TV. Era jovencita, de cara redonda e inexpresiva, ojos casi convertidos en dos finas líneas alargadas, gafas de pasta negra y una nariz tan pequeña que era milagroso que pudiera sostener las gafas alargadas.
Fuimos lanzándole retos, los apuntó de uno en uno en una hoja de papel que servía de registro y fue dando solución a cada uno de ellos afanándose sobre la pantalla táctil. Cuadró a primera hora el tren a Himeji, coordinó una salida hacia Hiroshima que nos permitiera visitar lo esencial, nos trajo de regreso, nos dio los horarios de Nara y los billetes de Takayama y resopló con estoicismo cada vez que las cosas se complicaban más de lo necesario. Trabajaba con un ritmo firme, preciso, estudiado, no iba rápida pero no perdía una décima de segundo. Detrás nuestro se formó un pequeño atasco que paliaron en breve sus compañeros. Total eficacia. Cuando terminó la homenajeamos con dos pronunciadas reverencias en grupo. Se las había ganado. No sabemos si después la tuvieron que mandar a un centro de desintoxicación de propuestas difíciles.

Subimos a la parte alta de la estación, alucinados con una escalera iluminada y continuamos hasta un jardín ocupado por parejitas que charlaban cogidas de las manos aprovechando la oscuridad. Todo muy púdico ya que los japoneses no son propensos a expresar sentimientos amorosos en público. Nadie se besaba.
Nos asomamos a ambos lados de la estación y escudriñamos las luces de la ciudad. La torre de comunicación iluminada era lo que más resaltaba.
Cenamos en uno de los restaurantes de la parte alta y terminamos cuando ya cerraban.
Regresamos en un taxi. La ciudad ya estaba dormida.

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