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El blanco y tenue sortilegio del sol japonés 70. Gion, el barrio de las geishas


El barrio de Gion era famoso por sus casas tradicionales de madera y por las geishas. Hasta allí se trasladaban los turistas con sus cámaras para obtener una foto aprovechando el breve momento en que salían hacia alguna casa de té o una fiesta.
La primera tarde en Kioto paseamos por la calle principal, Hanamiki-dori, cuando el sol se había ocultado y reinaba la primera hora de la noche. No había multitudes y la calle se alumbraba con las luces tenues de los restaurantes que ocupaban las antiguas casas de madera de celosías bien conservadas. Fue una decepción no cruzarse con ninguna geisha.
Las geishas son un elemento del Japón tradicional que se resiste a desaparecer en el país moderno. No son un residuo trasnochado sino un orgullo. Son mujeres de compañía, animadoras, por utilizar un término más actual. No son prostitutas, como se ha planteado en más de una ocasión. Gozar de la compañía de una geisha no es gozar de su cuerpo. Es gozar del refinamiento, de los más perfectos gestos y rituales, de un baile antiguo, de una conversación sofisticada.

En Memorias de una geisha (aún tengo pendiente el libro, que Arturo prestó a José Ramón en el viaje) se describe una vida dura y las intrigas y zancadillas de esos grupos de mujeres. Alguna exclamación tuvimos de José Ramón mientras leía el libro durante el viaje. Porque eran sometidas a una preparación rigurosa, a memorizar poemas clásicos, a poder contestar con inteligencia a cualquier frase o situación.

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