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El blanco y tenue sortilegio del sol japonés 67. El Templo del Agua Pura III


El templo budista de la secta Hosso sufrió varios incendios, como otros templos, pero fue reconstruido tras cada uno de ellos. El poderoso Tayotomi Hideyoshi, a finales del siglo XVI, lo honró con su presencia durante un tiempo y donó varios objetos que aún se conservan en él. En el siglo XVII quedó casi completamente destruido y su última reconstrucción le dio el aspecto actual. Esa reconstrucción finalizó en 1633. Posteriormente, se sumaron otros edificios.
Siguiendo el torrente desbocado de personas, o luchando contra el mismo como salmones, avanzamos hasta una plataforma, una escalera y la entrada al templo por la puerta Nio-man o de los reyes benevolentes, que acogía a los cuatro devas. El rojo de los edificios contrastaba con el verde del espeso bosque de la montaña Higashima. Cientos de hordas armadas con cámaras de fotos disparaban a víctimas en poses ridículas. Una hermosa niña con trenzas y un kimono blanco y floreado tomaba la merienda ajena a ese trajín.

La posibilidad de esa mística experiencia que vivió Chieko era imposible en esa primera plataforma. En la segunda, se descongestionaba un poco. La fiebre fotográfica se atenuaba y permitía disfrutar del entorno.

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