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Yo me quedo en casa. Epílogo.




Escribo estas líneas a pocas horas de que concluya el estado de alarma y toda España se integre en la nueva normalidad, esa fase transitoria que terminará cuando se encuentre una vacuna eficaz contra el Covid-19 que suponga la victoria definitiva contra la pandemia.
Se nos ha puesto a prueba en todos los ámbitos de la vida, empezando por el sanitario, continuando con el social y económico, prolongándolo en el político. Cada cual deberá evaluar su comportamiento a nivel individual y colectivo. Habrá muchas discrepancias. Quizá demasiados engaños y autoengaños. Se nos dijo que de esta pandemia saldríamos estando unidos, aunque esa unión ha ido por barrios, por partidos, por seguidores, por bloques o por el concepto que se quiera aplicar. También se dijo que saldríamos más fortalecidos, mejores. Reflexiono y miro en mi entorno y no me atrevo a afirmarlo.
Nuestra economía ha quedado seriamente tocada. Desconocemos el tiempo que tardará en recuperarse y qué niveles alcanzará. El fantasma de la incertidumbre se pasea por nuestras calles y hogares, que ahora disfrutan de esta victoria con el fin de la desescalada con reuniones de amigos y familiares, terrazas llenas, carreteras ansiosas de vivir el paso de vehículos que se comunican con otras zonas. Mañana habrá libre circulación. La Unión Europea abre sus fronteras interiores. El resto del mundo habrá de esperar.
Me pregunto si hemos aprendido algo y ese algo nos permitirá no volver a caer en los mismos errores. ¿Seguiremos confiando nuestra producción a Asia? ¿Seguiremos siendo cortoplacistas o procuraremos orientarnos hacia un mundo más sostenible? Como dicen los musulmanes, de cada derrota hay que sacar diez victorias y es el momento de buscar esas victorias, lo más duraderas que sea posible. Y esas victorias serán fruto del aprendizaje impuesto por la pandemia.
Habrá un antes y un después de estos meses de aislamiento, de miedo, de enfermedad y muerte, de confrontación y errores. Errar es humano y, rectificar, de sabios. No hagamos como en la canción de Julio Iglesias: tropezar de nuevo con la misma piedra.
El verano que empieza hoy puede ser un excelente tiempo para la reflexión, para el perdón, para recuperarnos física y anímicamente. Esperemos que el otoño no nos sorprenda con un rebrote descontrolado y sin instrumentos para combatirlo.

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