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El blanco y tenue sortilegio del sol japonés 38. El mayor tocador de señoras de Tokio.



El mayor tocador de señoras de Tokio es el vagón del tren o metro que las transporta.
La mujer japonesa es coqueta. Cuando sale a la calle va impecable y se retoca con lápices y pinceles para estar perfecta. El resultado es enormemente agradable a la vista.
Sentados en uno de los asientos corridos (por cierto, de plazas demasiado estrechas para nuestros cuerpos) observamos a varias mujeres desde el asiento de enfrente. La primera era una mujer de entre 40 y 50 años, poco preocupada de lo que pensaran de su aspecto, aun agraciada, ligeramente ajada.
La segunda era una mujer de entre 35 y 40 años: melena negra con algunas canas, muy delgada, de ojos un poco ausentes. Abría un libro delgado y leía sin demasiado interés. El libro se leía de atrás hacia adelante, en comparación con los libros occidentales.
La tercera estaba enfrascada en la lectura de un libro del tamaño de una caja de cd, era elegante y delicada, con una sencillez envidiable. Su maquillaje parecía inexistente pero resaltaba un rostro enmarcado por una melena corta que formaba dos arcos en almendra. Los ojos se prolongaban más con unas alargadas y estrechas gafas. Todo perfectamente estudiado para una informalidad casi sublimada.
Las dos siguientes no habían hecho los deberes cosméticos en casa. Eran jóvenes y quizá antes habían dejado a los niños (o al hijo/a único/a) en la guardería y en aquel momento completaban el ritual para lucir bellas.
Ambas eran hermosas, cada una en su estilo, más agresivo el de la que iba con un vestido largo color fucsia, ajustado, más clásico la que se enfundaba en negro y blanco. La primera, utilizaba una aplicación espejo del móvil y la segunda un espejito de toda la vida. Entre ellas se producía una pequeña competición de definición de cejas, aplicación de potingues, resalte de labios. Era un ritual que repetían cada mañana. Y, a nosotros, nos entretuvo durante el viaje. Ya lo decía Taigui en un famoso haiku:
La viajera
extrema su elegancia
hasta lo odioso.

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