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El blanco y tenue sortilegio del sol japonés 58. Akihabara y la electrónica.



En cinco minutos, el tren nos trasladó de Ueno a Akihabara, una zona de tiendas de armas de baja calidad en el periodo Edo que quedó arrasada por un incendio en 1869. Para protegerla de nuevas desgracias, al año siguiente construyeron el templo de Chinka-jinja. Los vecinos consideraron erróneamente que el templo estaba consagrado a Akiba, diosa protectora contra los incendios. Parece, según leí en Wikipedia, de donde obtuve estos datos, que el encargado de ejecutar el cartel tipográfico del barrio confundió los caracteres y Akiba no Hara pasó a ser Akihabara. Resumiendo, los despropósitos bautizaron la zona.
Akihabara era el mayor mercado de electrónica de Tokio, de Japón y del mundo. La Ciudad Electrónica, cuya salida en la estación estaba muy bien señalizada, fue mercado de frutas y verduras desde 1935 aunque la guerra sino-japonesa lo orientó hacia la comercialización de tubos de vacío y, desde la década de los 40, fue mercado de componentes electrónicos.

No entramos en los grandes almacenes de electrónica. No teníamos intención de comprar nada. Nos metimos por las calles de una cuadrícula saturada de tiendas y entramos en algunas para observar las últimas tendencias o los posibles chollos. Muchas eran de componentes, de aparatitos o gadgets curiosos más que de ordenadores o cámaras. Acabé comprando una tarjeta de 16 GB para la cámara por unos siete euros.

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