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El blanco y tenue sortilegio del sol japonés 37. Nikko y Futurasan



Caminamos hasta el templo Futarasan, dedicado a los tres dioses del monte Nantai o Futara, el propio Nantai, el dios de la montaña, su esposa Nyotai y su hijo Taro. Se decía que habitaban en tres cedros que se erguían tras el gran torii. Nos asomamos al pabellón principal, dimos una vuelta por los pequeños santuarios y pabellones y continuamos hasta el mausoleo Taiyuin. Allí moraban los restos del tercer shogun de los Tokugawa, Iemitsu, el nieto de Ieyasu. Taiyuin fue el nombre budista que el emperador Gokomei le concedió a título póstumo.
Iemitsu dejó en su testamento instrucciones para que su mausoleo no eclipsara al de su abuelo. Iniciado en 1652 fue terminado catorce meses después. Probablemente, algunos de los artesanos trabajaron en ambos proyectos.
Hasta allí había llegado menos gente, lo que nos permitió gozar del lugar con mayor tranquilidad. El bosque estaba más presente, envolvía más con sus altos árboles.
La estructura era muy parecida: puertas monumentales, plataformas, grupos de construcciones que ganaban en solemnidad y santidad cuanto más se avanzaba. En la fuente sagrada jugaba un dragón apostado en el techo con el reflejo del agua. También los guardianes del templo daban miedo. Aquí eran el dios del viento y del trueno que vigilaban desde la puerta del cielo. Las torres del tambor y de la campana flanqueaban la puerta Yasha-mon, la de las peonías. Cuatro demonios reforzaban la seguridad.
La última puerta hasta el santuario era la puerta de estilo chino, Kara-mon. Como a las otras puertas, le dedicamos tiempo para empaparnos de su belleza. Pero nos concentramos en el santuario interior y en la sala de plegarias, el Honden y el Haiden. Entre dorados, destacaban los paneles decorados con animales mitológicos.
Se había hecho tarde y poco pudimos apreciar del templo Rinno-ji, en el que se estableció el monje Shodo Shonin en el 766. La mayoría de sus edificios eran del siglo XVII, como los mausoleos. En él se adoraban a los mismos dioses que en Futarasan. Era el principal templo de la secta Tendai. Su jardín interior deberá esperar a una nueva visita.
El regreso fue un sueño dulce. En Tokio, cenamos y nos fuimos pronto a dormir.

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