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El blanco y tenue sortilegio del sol japonés 54. Ueno y el Museo Nacional de Tokio.


Durante nuestros primeros días en Tokio no habíamos visitado museos, tan interesantes para proporcionar información sobre un país. Su organización, sus piezas, incluso su concentración o dispersión mostraban rasgos interesantes sobre la cultura y el pensamiento.
En Ueno se concentraban varios museos de primer orden. Ueno se asociaba con arte. Y el más importante y atractivo era el Museo Nacional de Tokio.

En taquilla nos dieron las dos primeras sorpresas agradables. La primera, el precio de la entrada: 520 yenes. No llegaba a cuatro euros. Estaba claro que en este país la cultura era asequible para el pueblo. Ya lo habíamos comprobado en otros lugares. Las entradas eran bastante más baratas que en el mundo occidental.
La segunda, que nos entregaron un folleto en español, algo impensable hasta ese momento. Como mucho, lo encontrabas en inglés. Este museo era plenamente cosmopolita. No sabemos si gracias a las visitas de los españoles o de los hispanoamericanos.

El museo era el más antiguo de Japón (se remontaba a 1872) y poseía la mejor colección del país en calidad y cantidad de obras, como informaba con orgullo el folleto.
Empezamos por la colección de arte japonés del Honkan. En otro edificio se ofrecía la colección de arte asiático Toyokan, complementario del contenido de la primera parte. La colección que se exhibía era asumible. Para impresionar estaban los almacenes repletos de piezas que se rotaban con las expuestas, como en otros museos.

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