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El blanco y tenue sortilegio del sol japonés 45. Yokohama. Motomachi.



Optamos por recorrer la calle Motomachi. Eso implicaba renunciar al jardín italiano y al parque panorámico del puerto. La calle era una sucesión de pequeñas tiendas muy bien montadas. El pequeño comercio gozaba de buena salud en Japón. No habíamos percibido locales vacíos, una tónica que se generalizó en las otras ciudades que visitamos. Nos maravillaba porque no exhibían mucha clientela ni vendían gran cosa. Quizá había un sistema de incentivos que los mantenía incólumes ante la crisis y la recesión. Aquellos negocios permitían vivir dignamente a una familia y creaban puestos de trabajo. En la mayoría de ellos no permitían pagar con tarjeta de crédito, lo que nos hizo pensar en una opacidad en los ingresos y un buen flujo de dinero negro.

En la novela de Yukio Mishima El marino que perdió la Gracia del mar, Fusako, la madre de Noboru, regenta una prestigiosa tienda de ropa y complementos en esta calle comercial. La acción nos pone en contacto con varios lugares de la ciudad. Sin embargo, es la vertiente psicológica la más atractiva del libro, como es habitual en las obras de Mishima. Rex Ltd, la tienda de Fusako, podía haber sido inspirada por cualquiera de esos establecimientos.

La calle comercial era una atracción en sí misma. Le dedicamos un buen rato y la recorrimos casi completamente. Nos sentíamos a gusto. Las dependientas, mayoría absoluta sobre los hombres, otro dato que se repetía, eran amables, cordiales, sonrientes. Casi daban ganas de comprar algo aunque no lo necesitaras. Además, lo que ofrecían tenía su gracia, desde pequeñas artesanías a objetos cotidianos con un toque que recordaba la atmósfera mágica de Lafcadio Hearn.

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