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Yo me quedo en casa 63. ELISA no es un nombre de mujer.

Atardecer sobre un poblado Hamer. Sur de Etiopía.

Buenas noticias: el test ELISA de mi amigo Miguel ha dado negativo y abandona la cuarentena de mes y medio que le ha dejado recluido en una habitación de su casa.
La noticia, no tan positiva, es que no está inmunizado lo que confirma la arbitrariedad de este puñetero virus. Los médicos dicen que no está claro que haya pasado la enfermedad, con el cabreo correspondiente por parte del afectado. Puede tratarse de un falso positivo en IgM, algo por otra parte frecuente.
Tuvo síntomas leves, pero claros, y en su oficina se contagió un amplio número de compañeros. Teniendo en cuenta que el 28 de febrero comimos juntos un grupo de amigos en el que ha habido tres positivos confirmados, me temo que es muy probable que yo haya sido contagiado, no sé si por ellos o por cualquier otra persona de mi entorno conocido o anónimo. Sin embargo, no manifiesto síntoma alguno y, por supuesto, sigo sin saber cuál es mi posición respecto a esta pandemia. Todo ello confirma que estamos aún lejos de saber lo esencial del Covid-19, de su forma de contagiar, de manifestarse y, lógicamente, de atajarlo.
Con sano sentido del humor nos comentaba que había hecho limpieza en la habitación que le había servido de guarida en la cuarentena y que habían aparecido tres escorpiones, dos salamandras y un velociraptor, amén de otros elementos que, con propiedad, ha calificado de mierda acumulada. Pepe, otro de los amigos, ha contestado que el veneno de escorpión mata o inmuniza contra todo, con lo que está a salvo. El velociraptor quizá es el culpable del falso positivo.
El test bueno, y posiblemente infalible, me informan, es el serológico cuantitativo, con análisis de sangre. Confirma si has generado anticuerpos y su nivel. Por encima de siete estás inmunizado. Me alegro de recopilar estos pequeños y útiles datos por si alguna vez me hacen un test, algo que veo complicado por su escasez. Desconozco cómo se ha organizado el ritual para asignar a los elegidos que deben someterse a los mismos. A quienes se lo han realizado, de mis conocidos, ha sido a costa de la empresa.
Dos amigas comentaron que regresaban al trabajo sin saber si les harían las pruebas antes de incorporarse. Una, continúa a la espera tras una semana. A la segunda no le han dicho nada. Eso genera intranquilidad ya que trabajan en edificios “inteligentes”, esos en que la ventilación es imposible y que son un excelente caldo de cultivo para la transmisión de cualquier enfermedad. Hasta ahora, el mejor ejemplo lo ofrecía la gripe. El coronavirus supera todo lo conocido.
La esperanza de una vacuna es a largo plazo. Desde luego, no antes de un año. Para una de gran fiabilidad algo más. Algunos fármacos han demostrado su eficacia para controlarlo, aunque sin resultados definitivos. Parece que habrá una tregua en verano y que en otoño habrá que volver a tomar medidas restrictivas.
Y yo que creí que Elisa sería el nombre de la mujer de mi vida.

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