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Yo me quedo en casa 57. Remontando.


Pero en la sombra hay luz y en la mañana
se hunde una oculta noche cerrando llano y río.
A las estrellas, de Conjuros, de Claudio Rodríguez.

Me ha llegado la convocatoria para participar en unos cursos organizados por la escuela de negocios con la que llevo colaborando casi dos décadas, la Fundación EOI. Van dirigidos a autónomos y pymes y su objetivo es minimizar el impacto de esta crisis sobre el tejido empresarial más vulnerable.
Las buenas noticias del sostenido descenso de muertos y contagios quedan eclipsadas por el tremendo futuro que se otea en el horizonte más cercano. Ha subido el paro de forma desmesurada, el PIB disminuirá preocupantemente y la contracción económica es evidente. Por otra parte, la que se ha bautizado como nueva normalidad no abre esperanzas inmediatas. Las medidas impuestas para volver a abrir empresas, tiendas o negocios, para prestar determinados servicios o reanudar la producción provocan que muchos empresarios se replanteen si es viable y rentable reactivarlos.
Muchos empresarios están aún bajo los efectos negativos del impacto y se encuentran muy perdidos en la maraña de normas que se han dictado en estas semanas. Desgraciadamente, en algunos sectores, las pautas que ofrecían no han sido escuchadas, o no han sido asumidas por el Ejecutivo. En este marco aparecen esos cursos gratuitos cofinanciados por el Fondo Social Europeo y la Administración Central.
Me llena de orgullo que haya empresas que no estén dispuestas a tirar la toalla, a plegarse al pesimismo y a abandonar su actividad, a generar su pan de cada día. Los sanitarios y las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado han sido y siguen siendo nuestros héroes, y a ellos se unen ahora los empresarios, esos que tienen poca estructura, que van flujos de liquidez, que dan trabajo a unas pocas personas. Para ellos, su negocio es su vida, su vocación, su ser en el mundo. Son los eternamente maltratados, por todos y por todo. Tienen que sobrevivir porque somos nosotros mismos.
Ellos me recuerdan otros versos de Claudio Rodríguez del mismo poema A las estrellas:
¿Tan miserable es nuestro tiempo que algo,
digno, algo que no se venda sino que, alto
y puro, arda en amor del pueblo y nos levante
ya no es motivo de alegría?

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