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Yo me quedo en casa 56. Hacia dónde va nuestro periodismo.



Hace unos días, salió en la conversación con mi amigo Alfred la noticia de la presunta violación de las reglas del confinamiento por parte de Rajoy. Había leído la información en prensa y, también, que el antiguo Presidente del Gobierno se querellaría contra La Sexta porque las imágenes que ofrecía correspondían a otro lugar en donde no estaba cumpliendo su confinamiento. Me pareció algo anecdótico y sin mayor importancia, como tampoco presté mayor atención a la ruptura de la cuarentena por parte de un vicepresidente del Gobierno. En ese momento los incumplimientos rondaban los 850.000.
El viernes 1 de mayo me remitió mi amigo dos nuevos enlaces, de El País y El Confidencial: la policía proponía denunciar y sancionar a Rajoy. No me cuadraba mucho con lo leído anteriormente y entré en Internet para profundizar algo más. Me quedé alucinado porque todos los medios se hacían eco de ello, como si no hubiera nada más importante de que informar. Y me sorprendió especialmente porque Rajoy ya no tenía cargo alguno y había abandonado la política. Sin duda, la publicación tomaba un sesgo que iba más allá del mero incumplimiento por parte de un ciudadano. Buscaba desacreditarle e, indirectamente, desacreditar a su partido. Estábamos en plena guerra entre bloques políticos.
En El País leí que “la Delegación del Gobierno todavía está estudiando si se dan las condiciones para acordar la sanción”. Me pareció sorprendente, ya que habría un juicio paralelo en contra de la prudencia de esperar a una resolución. La base para esa posible sanción eran unos vídeos emitidos por la Sexta el 14 de abril. Los metadatos de la grabación y la permanencia de los vehículos aparcados eran la prueba. Lo primero que pensé es que había una clara violación de la intimidad, como habían resaltado las publicaciones jurídicas de las últimas semanas que hacían referencia a personas grabadas violando el confinamiento cuyas imágenes habían subido a redes sociales y se habían hecho virales. No parece que ese peligro haya atemorizada a La Sexta. Periodismo de investigación no llamarían, aunque para mí es sensacionalismo. Pero es lo que demanda el público.
Si Rajoy ha violado las reglas ha de ser sancionado, como cualquier otro ciudadano. Tiene derecho a la presunción de inocencia y que se respete su derecho constitucional a la intimidad y a que no haya un juicio paralelo a través de la prensa. Si esto es todo lo que pueden ofrecer los medios de comunicación no me extraña que estén en crisis. Aunque mucha culpa la tiene el público receptor que reclama este tipo de carroña.
El periodismo de altura muere sin remedio. Una pena.

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