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Yo me quedo en casa 52. Desescalada.



Are you gonna try to make this work
Or spend your days down in the dirt
You see things can change
Yes and walls can come tumbling down.
De la canción Walls come tumbling down,
de Paul Weller (Style Council).

El término en boca de todos es desescalada. Así que me he aplicado el cuento y lo he ejecutado sobre mi dieta desacelerando la ingesta de comida, algo difícil teniendo cuenta que en el congelador he almacenado judías con perdices, lentejas con chichas, albóndigas en salsa, dos solomillos de cerdo, salmón, salmonetes, dos caballas y dios sabe cuántas cosas más. De la merluza di buena cuenta cocinándola en salsa verde. Esta vez conseguí un punto de sabrosura escandalosamente delicioso. Ante la posibilidad de salir a pasear hay que cuidar el tipo. Y que el colesterol no suba.
La publicación de las diversas fases, sin fechas concretas y con la promesa de la asimetría territorial, augura un Tetris propio de misterios por resolver. Las diversas explicaciones que han enviado son tan crípticas que me han producido un sudor frío tremendo. Me imagino a los cuerpos de seguridad del estado explicando al ciudadano cómo tiene que cumplir y me imagino a Almodóvar al quite para captar la escena para su próxima película.
Todo esto confirma que seguimos sin disponer de estadísticas fiables que permitan extrapolar datos útiles y extraer consecuencias inteligentes. Desconocemos aún con precisión cómo actúa este bichito cabrón, con lo cual los palos de ciego a nivel mundial son la tónica. Todos los países miran de reojo al vecino por si alguien expone una medida eficaz que no destroce la economía. Complicado.
Here comes the sun, decía la canción de George Harrison. Y con el sol y el buen tiempo, amén de las largas semanas en confinamiento, la gente se pone nerviosa, quiere saber si podrá ir a la playa o a algún lugar bonito y en qué condiciones, cuáles serán sus dinámicas. Porque para estar metido en un hotel o apartamento con todas las limitaciones del mundo y alguna más, mejor disfrutar de los veranos de la Villa, caseros, virtuales. Incertidumbres. Lo de salir al extranjero está más crudo que nunca.
El peor verano de nuestras vidas, vaticinaba un buen amigo. Si gozamos de salud, ya habremos ganado mucho. Desescalemos con paciencia y disfrutemos de las primeras dosis de libertad.

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