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El blanco y tenue sortilegio del sol japonés 7. El jardín Shinjuku Gyoen.


El parque Shinjuku Gyoen estaba más lejos de lo que imaginábamos. Nos fuimos alejando de la animación e introduciéndonos en una zona residencial sin demasiado atractivo. Al observar las primeras muestras de verdor abandonamos la avenida por la que caminábamos y nos metimos por un callejón silencioso. Era otro mundo. Las casas eran bajas, los portales permanecían cerrados y apenas había gente. Al único transeúnte le preguntamos por la entrada.
La primera impresión es que era un jardín occidental. Terminado en 1906, en la era Meiji, no era de extrañar, ya que la Revolución Meiji[1] había traído al país los gustos europeos. Lo había diseñado el paisajista francés Henri Martinet según concepto de Hayato Fukuba. Eran tres jardines de estilos diferentes bien armonizados. El jardín inglés era amplio, extenso, abierto y plantado de árboles. El francés, más al fondo, era geométrico y dominado por las rosas y los sicomoros. El tradicional japonés acogía el pabellón de Taiwán.

Ese pequeño pabellón se asomaba a un estanque y a una primera línea de árboles y arbustos de copas redondeadas, tan del gusto de los japoneses. El mejor ejemplo del arte del podado. Nos quedamos un buen rato observando esa escena.
El jardín ocupaba la que fue residencia de un daimio[2] vasallo de los Tokugawa, Naito Kiyonari. Inicialmente, fue una granja experimental y mantenía cierta actividad como jardín botánico. Aquí se experimentó con plantas occidentales y se estudió su adaptación. En la actualidad era un buen lugar para relajarse, tomar el sol, tumbarse en el césped y olvidarse de las tensiones de la gran ciudad.
La vieja casa imperial de descanso estaba cerrada.
Fuimos caminando hasta la zona del puente, uno de los elementos esenciales en todo jardín japonés. Cada movimiento permitía una nueva perspectiva, siempre atractiva. Los altos edificios se asomaban sobre los árboles y daban el contraste entre lo natural y lo humano, entre lo tradicional y lo moderno.
Dos casas de té se ocultaban entre los árboles.
Una oleada de mosquitos y un ataque de alergia de José Ramón nos convencieron para salir.



[1] La Restauración Meiji tomaba su nombre del emperador Meiji, que reinó en Japón desde 1867 a 1912. Es posterior a la época Edo o de los Tokugawa. Se caracteriza por la introducción de las costumbres occidentales y la modernización del país.
[2] El término daimio o daimyo hace referencia a un señor territorial asimilable a un señor feudal de occidente.

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