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El blanco y tenue sortilegio del sol japonés 35. Nikko y la procesión de los Mil Guerreros.



La decoración en colores vivos y cierto barroquismo era la tónica general de los edificios, con figuras talladas y policromadas de excelente factura. Las tallas y la ornamentación contribuirían a la grandeza que se quería transmitir. No faltaban las salas y pabellones de escasa decoración, en contraste con los otros edificios.
La Procesión de los Mil Guerreros, Sennin Musha Gyoretsu, conmemoraba el desfile que tuvo lugar para el traslado de los restos de Ieyasu desde Shizuoka (en aquel entonces se denominaba Sumpu) hasta Tosho-gu. Para la ocasión se vestían al estilo de los militares del periodo Edo unas mil doscientas personas. El despliegue era impresionante y reflejaba fielmente aquella época. Nobles, sacerdotes, soldados, músicos y un sinfín de figurantes cruzaban la puerta Omote-mon o Nio-mon, que protegían los terribles guardianes deva y acompañaban al féretro de su señor, el mikoshi o palanquín sagrado. El desfile se repetía cada 18 de mayo y 17 de octubre.
Las vestimentas de esos personajes se guardaban en tres edificios de la primera plataforma, en el Shimo-jinko, Naka-jinko y Kami-jinko, rodeados de una valla roja de madera.
El edificio marrón que quizás llamaba menos la atención desde lejos por sus escasos adornos era el de las caballerizas, Shinkyusha, donde se guardaban los caballos sagrados para las ceremonias de ese festival y para el Yabusame, la competición de arqueros a caballo que probaban su destreza y su puntería. Pero lo que convocaba más gente eran los ocho paneles con representaciones de monos, que se suponía serían los guardianes de los caballos, y especialmente el que representaba a tres monos que se tapaban la boca, los ojos y los oídos para no ver ni escuchar al demonio.

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