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El blanco y tenue sortilegio del sol japonés 21. Shibuya, manga y anime.



Pero también el barrio gozaba de buenas tiendas y grandes almacenes. Siendo domingo estaban en su punto álgido. Siguiendo las instrucciones que habíamos leído, entramos en Shibuya 109 y paseamos por la zona a la caza de los ejemplares de la cultura Kogal, los adolescentes obsesionados con su puesta a punto, con su pelo, su ropa y su aspecto exterior. No decepcionaba y en algunos momentos parecía que te habían dibujado en una escena de manga o anime. El barrio aparece con bastante frecuencia en los mismos.
Pelos en cresta, pelos desenfadados, desaliño estudiado, tintes de colorines, ropa maqueada, mucha puntilla, ropa de diseño y de las mejores marcas, pendientes y piercing, ningún tatuaje, que eso es propio de las mafias, chavales desenvueltos y a su bola. Quizá los personajes de los comics (manga se traduce como cómic) o los anime (los dibujos animados) se inspiraban en esta juventud.
Después de estas experiencias nos planteábamos cómo eran los modales y la educación de esa juventud. En las estaciones se mostraban carteles de una campaña titulada Manners, modales, que hacía un llamamiento a las buenas costumbres. La educación de que hacían gala los japoneses de forma natural parecía resquebrajarse. Lo que parecía congénito se había olvidado o no se había aprendido. Quizá la modernidad y la occidentalización pasaban factura, como en alguna otra ocasión ya se había planteado.
Por lo que dedujimos, se habían producido varios accidentes en el metro y en los trenes como consecuencia de la ajetreada vida de la ciudad, por quienes corrían descontrolados o despistados y arrollaban a otros, en muchos casos personas mayores. Las escaleras mecánicas eran uno de los lugares habituales. Algunos habían acabado en las vías del tren. Recordamos que había que seguir las flechas en las escaleras y los pasillos.
Aún nos queda la duda de la evolución de la educación de los jóvenes. En España, no obstante, serían siempre un dechado de perfección.

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